Al sur de Jalisco, Careyes sorprende desde hace 50 años. No solo es un desarrollo inmobiliario exclusivo, donde se inició un estilo de arquitectura de costa mexicana, sino que ha creado una comunidad con 42 nacionalidades y tiene una fundación que trabaja con los 11 pueblos aledaños. Fotos: Arturo Mateos / Cortesía de Careyes. 

Enclavado en Costalegre, se extiende por más de 14,000 hectáreas, incluida una parte de la Reserva de la Biosfera Chamela-Cuixmala, y las playas Blanca, Rosa, Careyitos y Teopa. Aunque se trata de mantener estas bahías como un secreto, siempre te dan la bienvenida para que conozcas el sueño materializado del banquero italiano Gian Franco Brignone, quien buscó por todo el mundo las condiciones ideales para desarrollar “su propio reino” y las encontró aquí, cuando visitó en 1968 estos parajes inaccesibles debido a sus ríos y extensas selvas. Descubre las razones por las que este destino de México es imperdible:

 

 

1.- Arquitectura pionera

 

Careyes

 

Gracias al juego de palapas, espacios enormes con ventanas —que crean la ventilación cruzada para reducir el uso de aire acondicionado—, albercas infinitas a lo largo de los acantilados y una mezcla de las estéticas mediterránea y mexicana, se fusionan los espacios exteriores con los interiores de una forma cohesiva: aún estando dentro te sientes afuera, gozando de las bondades de la costa del Pacífico.

Entre muros que poseen colores vibrantes —rosa mexicano, amarillo, azul, verde y naranja—, todas las propiedades tienen nombre, personalidad y staff propio. Solo basta conocer los Castillos Sol de Oriente y Sol de Occidente, que son casas idénticas construidas en dos riscos, una frente a la otra, con piscinas infinitas de 280º —que podríamos decir que son de las mejores de México—, para entender que la arquitectura, con un estilo incluso surrealista, puede ser el pretexto para llegar hasta estos rincones.

Esta arquitectura, que algunos definen como el estilo Careyes, no existía en México. La palapa solo se usaba en restaurantes en la playa, y considerarla como la protagonista de una casa fue algo nuevo”, rememora Filippo Brignone, hijo de Gian Franco, quien asegura que el trabajo de arquitectos de la talla de Luis Barragán y Diego Villaseñor, las estructuras curvilíneas sin esquinas que enmarcan la naturaleza y el uso de materiales locales fueron parte del éxito.

 

 

2.- Variedad de refugios para hospedarse

 

Careyes

 

De entre una gran variedad de formas y tamaños de casas y villas (bungalows con una recámara desde $320 USD por noche), destacan Nido de Amor, una casa romántica dispuesta en medio de una bufa, y Orión, con una vista espectacular donde el agua de la piscina se confunde con las del mar en el horizonte. Mientras que Mi Ojo —la primera casa de Careyes— está diseñada solo para la puesta de sol e incluye un puente colgante que se conecta a una isla.

Por otro lado, las Casitas de las Flores son una “aldea” de 40 casitas pintadas de colores vibrantes en un entorno tropical, que te transportarán a la costa italiana de Amalfi. Todas gozan de vistas al mar desde sus terrazas con pequeñas albercas o jacuzzis. Casita Azul es perfecta para una familia numerosa, pues brinda cinco habitaciones, personal completo y áreas al aire libre.

La propiedad más reciente es El Careyes Club & Residences (residencias desde $300 USD por noche) que, frente a playa Rosa, es lo más cercano a un hotel, pero en realidad se trata de modernas residencias de una a cuatro habitaciones que se rentan mientras se venden o, si el dueño así lo dispone, permanecen en alquiler.

 

 

3.- Gastronomía fresca

 

Gastronomía

 

En Careyes existen siete restaurantes. Para el almuerzo, el lugar idóneo es el de Playa Rosa Beach Club, donde sirven entradas frescas y adictivas como el carpaccio de pulpo con alcaparras y aceitunas. Aunque la estrella es la pesca del día, que se cocina en diferentes preparaciones, como ajo, limón, mediterráneo y más.

A cinco minutos de la playa en auto, se encuentra La Plaza de los Caballeros de Sol, una plaza que evoca a la de un pueblo tradicional, rodeada de un par de lofts, boutiques, una videosala, un jardín y dos restaurantes. Uno de ellos es La Coscolina, con una cocina multicultural enfocada en sabores frescos y en dar opciones veganas. Prueba de ello son las tostadas de tartar de zanahoria y la coliflor mediterránea.

Al caer la noche, la plaza se ilumina con focos colgantes y documentales proyectados, mientras se disfruta de una cena en Punto. Como, protagonizada por pizzas napolitanas y pastas.

 

 

4.- Enclave de bienestar y espiritualidad

 

Careyes

 

Careyes no solo está llena de maravillas naturales y arquitectónicas, sino que también es un lugar de espiritualidad. Además del bienestar físico, buscan la sanación a través de un gran catálogo de actividades holísticas. De ahí que recién estrenaron su Programa de Instructores de Yoga Invitados, quienes ofrecerán durante un mes a los residentes y visitantes clases diarias de yoga y sesiones de meditación y respiración.

También ofrecen sonoterapia o sanación a través del sonido para reactivar la relación corazón-mente y elevar la frecuencia. Con cuencos, tambores del mar, conchas y flautas prehispánicas, se puede impartir en las villas privadas, pero la sugerencia más atinada es tomarla en La Copa del Sol, una maravilla visual y acústica que se eleva a 10 metros desde su base y se extiende 27 metros de diámetro en un acantilado con vistas a la playa Teopa.

 

 

Legado de sustentabilidad

 

Tortuguita

 

Sus playas son un santuario de tortugas marinas desde 1982, supervisado por la Fundación Careyes, que ha liberado a más de 1.75 millones de crías hasta la fecha. En la extensa playa de Teopa arriban cada año 200,000 tortugas a desovar, y por ello crearon el Campamento Tortuguero donde recolectan los huevos que son puestos bajo el cuidado de biólogos, hasta que nacen y son liberadas.

Estas acciones, más los programas de su fundación, como la enseñanza de inglés en 11 escuelas primarias de comunidades locales y la promoción del arte a través de talleres dentro de estas escuelas, y otras decisiones como que nunca se desarrollará más del 7% del total del área, son prueba de sus esfuerzos de conservación, sustentabilidad y responsabilidad social.

 

Destinos

 

Somos desarrolladores, pero no unos tradicionales. Aquí hay una tumba para la familia. No es un lugar a donde llegamos para construir, ganar dinero e irnos después a otro lado. Aquí queremos seguir viviendo y preocupándonos por esta comunidad”, concluye Filippo.

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