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Benito Molina

 

Benito Molina

Cuando Benito Molina asegura que es fanático del pescado, lo dice en serio. Su vida ha estado ligada al mar, al trabajo en la cocina y a la abundancia de productos de Ensenada.

De icónicos bigotes, sazón consagrada y contundente pasión, Benito Molina es un cocinero cuya historia ha transcurrido por diversos escenarios. La anécdota de Benito se inicia cuando cursaba la carrera de Economía, cuya labor cotidiana de traje y corbata se confrontaba con su pasión. “Un día, literalmente viendo las estrellas, pensaba por qué no era feliz; concluí que mi felicidad estaba en el placer de cocinar”.

 

Restaurante Maxim’s

Así, renunció a esa vida y pidió trabajo en el restaurante Maxim’s del hotel Presidente. “Tuve mucha suerte, porque el jefe de cocina no hablaba español y yo hablo francés; me convertí en su asistente de inmediato. Ahí dije: esto es lo que voy a hacer el resto de mi vida”.

Benito sabía que adquirir una formación académica en cocina era importante, pero antes se dio la oportunidad de disfrutar de otra de sus pasiones: el mar. “Me subí a un barco atunero. Me encargaba de la limpieza y cocinaba para 24 tripulantes, sin ver tierra un mes. Ahí viví al máximo todo lo relacionado con el atún. Soy fanático del pescado y ésa es una de mis especies favoritas”.

 

El mar te da todo

La experiencia en alta mar le abrió los ojos y entendió todo lo que hay detrás de una lata de atún: 24 personas jugándose la vida en el mar. «El barco atunero ha sido la experiencia más impactante de mi vida. El mar te da todo y te puede quitar todo, hasta la vida. Tienes que ser muy pirata para estar ahí”.

Esta experiencia marcó la comprensión de Benito sobre ser cocinero: “El barco tuvo una influencia brutal en lo que hago. Al momento de servir, es una operación similar a tirar la red al mar. ¿Ya tiramos la red? Ponte atento, porque si no, te vas a morir. Así, tal cual”.

Cuando estudiaba en Estados Unidos, lo enviaron a Bretaña, donde cuenta que tuvo su verdadera formación como cocinero de pescados. “Durante mi estancia en el pueblo de Rosporden encontré los mejores ostiones, mariscos y pescados”. Trabajó en un restaurante al que llegaban los pescadores con una canasta repleta de frutos del mar. “Eso era vida”, recuerda.

 

Manzanilla

El atún aleta amarilla (Thunnus albacares) es un tipo de pez que se encuentra en las aguas abiertas de mares tropicales y subtropicales por todo el mundo.

Por eso en Manzanilla, restaurante que dirige con Solange Muris, se cocina lo que el mar ofrece cada día. Con amor sincero al producto, Benito honra sus experiencias, valora el esfuerzo de quienes están atrás de cada ingrediente y se consagra a cada insumo del mar y la tierra.