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Columna del vino abril

De la mano de la sommelier Georgina Estrada, descubre la gran gama de vinos que existen y dale un delicioso giro a tus preferencias.                                                                 

Cuando elijo un vino siento que será mi compañero de un momento, de un platillo o de una persona, nunca lo imagino en soledad a menos que se trate de una cata, y aún así siempre pienso en algo con lo que podría armonizar. Con frecuencia hablamos solo de vinos tintos y blancos, pero hay muchos otros tipos de vinos que también pueden acompañarnos y quizá traer algo inesperado a nuestra mesa. Veamos enseguida algunos ejemplos de vinos alternativos.En el país Vasco se producen los txakoli de Getaria (se pronuncia chacolí); vinos hechos con variedades autóctonas como la blanca «hondarribi zuri » y la tinta «hondarribi beltza» y aunque hay txakolis rosados y tintos la mayor producción es de blancos. Este maravilloso vino de baja graduación (alrededor de 11%vol Alc) suele beberse joven, máximo al siguiente año de su cosecha; es un vino fresco de buena acidez que armoniza a la perfección con los pescados y mariscos de la región.Cuando hablamos de jereces es fácil traer a la mente el fino o la manzanilla que son prácticamente lo mismo, pues la diferencia sólo radica en la zona de producción: el primero viene de Jerez de La Frontera y el segundo de Sanlúcar de Barrameda. A estos vinos se les conoce como fortificados, por su adición de alcohol vínico en algún momento de la fermentación. Son poco difundidos en México aunque su variedad es extensa y los hay para todos los gustos y maridajes. Un ejemplo es el jerez tipo oloroso, que toma su nombre de su fragante aroma. Al momento de servirlo, es capaz de perfumar un salón cerrado.

Con frecuencia hablamos solo de vinos tintos y blancos pero hay muchos que también pueden acompañarnos y quizá traer algo inesperado a nuestra mesa.

Si hablamos de «vinos atípicos» debemos incluir a las Mistelas aunque no propiamente se les considera como vino; tienen varios significados según su país de origen, pero entre sommeliers las conocemos como el resultado de mezclar jugos de uva sin fermentar y a los que se les agrega alcohol vínico. Un ejemplo de este proceso suele llevarse a cabo en Cognac, Francia para elaborar sus Pineau des Charentes, una combinación de coñac producido en la region con mosto de uva. El resultado es un delicioso elixir que debe beberse frío.

Y nunca olvidaré que en mi primer viaje a la Toscana probé el vino santo desde el caratello (pequeño barril en donde fermenta y envejece este vino) y de la mano de su enólogo Paolo De Marchi. Este dulce y peculiar vino se elabora a partir de uvas pacificadas de trebbiano y malvasía; sus aromas recuerdan a las nueces, avellanas, vainilla y frutos pacificados. Algunos italianos sumergen en el vino un tipo de galletas de almendras a las que llaman cantuccini y lo beben como postre después de su café espresso. Yo lo prefiero solito y fresco, desde luego con buena compañía.

Mi sugerencia siempre será que experimente y salga de lo convencional, para poder expandir los horizontes del maridaje, la degustación, y sobretodo, del placer que implica tomar una buena copa de vino.
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