Mastercard: experiencias de sabor

Si eres de los que les gusta coleccionar momentos, Mastercard te ofrece vivencias memorables en cualquier parte de México y el mundo. Aquí te dejamos dos probaditas de ellas. Texto: Montserrat Romero / Fotos: Eliher Hidalgo.

De la granja a la mesa, Xochimilco

Iniciamos desde temprano en el embarcadero de Cuemanco, para abordar una trajinera bellamente ataviada con su arco tapizado de flores, en la que navegaremos por los canales de Xochimilco.

Nos reciben con pan casero y café de olla, elaborado por el chef Israel Montero del restaurante Raíz, en Polanco. Así arranca esta experiencia que Mastercard brinda a sus tarjetahabientes Platinum y World Elite como parte de su plataforma Priceless Cities. En la que presentan una forma única de vivir urbes tan cosmopolitas como la Ciudad de México.

Chinampa Sabino

La primera parada es en la chinampa llamada Sabino, donde descubrimos en qué consiste este sistema de cultivo creado por los toltecas en el siglo XV para cosechar flores y hortalizas.

Lucio Usobiaga, cofundador de Yolcan —una iniciativa que trabaja con la población de Xochimilco para recuperar la zona chinampera— nos explica que estas islas artificiales se elaboran a partir de un armazón de ahuejote —árbol que resiste el exceso de humedad— unidas con cuerdas de ixtle, cubierto con plantas acuáticas, y arriba de ellas, lodo.

Estas estructuras son sumergidas en aguas poco profundas para que las plantas y las ramas comiencen a enraizarse, lo que da como resultado un suelo fértil y árboles que otorgan suficiente sombra a los cultivos. Las variedades que se siembran son diversas, entre ellas: lechugas, verdolagas, epazote, romero, betabel, pepino, calabaza, rábanos y espinacas.

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Noé Coquis

La segunda parada es en la chinampa del peludo donde Noé Coquis, oriundo de Xochimilco, nos explica las técnicas ancestrales de siembra y cosecha del lugar. En la primera etapa de la siembra, se germinan las semillas en un cuadro con lodo que se extrae de los canales.

Luego, ya en la tierra de la chinampa embarran con este mismo lodo la cama donde se trasplantará la planta para que no resienta el cambio y comience a crecer. Si el germinado es de vegetales como la calabaza o el pepino, se cava un hoyo, se le agrega lodo con composta, y ahí se siembra la planta. Después de la explicación, cosechamos los alimentos que más tarde prepararemos y comeremos.

“Las chinampas siguen produciendo, lo que siembres aquí se da. No es un lugar solo para pasear, sino es un gran pulmón para la ciudad, por sus aves y su vegetación. Ahora tenemos el propósito de regresar a lo que fue hace miles de años, un gran abastecedor de verdura de la capital del país”, explica Noé.

El Sol

Llegamos a la chinampa El Sol, nuestra tercera parada; aquí el fogón y las brasas ya están encendidos para que cocinemos los alimentos que cosechamos.

Debajo de una confortable sombra hay algunas mesas con manteles coloridos y vitroleros con aguas frescas. El chef Israel Montero explica que los platillos varían de acuerdo con las hortalizas y verduras de temporada y con lo que se coseche.

Ese día nuestro menú fue una ensalada de espinaca con kale y betabel, vegetales asados y quesadillas de queso con espinacas, elaboradas con tortillas hechas a mano. Sin duda, todo un lujo que esta experiencia te da.

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Luego, el chef Israel nos consiente con una tostada de bacalao ahumado con tomates rostizados, pimientos y vinagre de jerez; un taco de pipián con queso cotija y crema de rancho, y un taco de lengua cocinada en hoja de plátano con epazote y ajos tatemados.

Pujol y Quintonil

Es sorprendente qué tan efectiva es esta forma de cultivo y el sistema de canales, que se han preservado durante más de 600 años como un centro de comercio y producción agrícola. Gracias a eso, ahora nos deleitamos con la calidad y frescura de los ingredientes de Xochimilco, y restaurantes como Pujol y Quintonil pueden tener una chinampa para sembrar sus productos.

De regreso, mientras disfrutamos de las vistas, imagino lo hermoso que debió de ser cuando en el valle de México abundaban los lagos y lagunas, por los que se transportaba la mayoría de la población en sus canoas repletas de verdura.

Ahora entiendo por qué Mastercard ofrece esta experiencia exclusiva de la que salimos amando y valorando más nuestras raíces.

El Cucurucho

Clásicos de moda, Roma y Juárez

Otra de las experiencias que realizamos y que brinda Mastercard, es un recorrido por los barrios de moda en la Ciudad de México: Roma y Juárez.

El tour empieza con una visita a la panadería artesanal Pancracia, donde un panadero nos da una clase y demostración de las delicias que preparan ahí. La hogaza con cacahuate, nuez de la India, pepita de calabaza, ajo y chile de árbol; las conchas con yogurt y los roles de brioches, así como los panes de caja de tocino, parmesano, nuez con dátiles o hierbas, entre otros.

El Cucurucho

Después nos espera la cafetería El Cucurucho nos espera para hacer una degustación con el café de Chiapas y Oaxaca, guiados por el barista David Birruete.

La técnica que utilizan para prepararlo es el dripper, que consiste en verter agua caliente sobre el café tostado y molido contenido en un cucurucho de papel —de ahí el nombre de la cafetería— para que absorba los aceites y esencias conforme el líquido desciende.

Y por goteo se va extrayendo el café a una jarra. Para acompañar la bebida, imperdible el pastel de zanahoria, galletas de arándanos y el pan de elote.

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Galerías de arte, museos y tiendas

Luego, damos una caminata por la colonia Roma con un guía  que nos lleva a descubrir sus calles y conocer la historia que las abraza. El recorrido incluye visitas a galerías de arte, museos y tiendas como 180° shop, donde recibirás descuentos.

Por la tarde disfrutamos de un menú de degustación en el restaurante Huset, del chef Maycoll Calderón, con platillos de temporada, como una burrata con jitomates cherry ahumados y mostaza, o una tostada de cangrejo con toronja, jengibre y arúgula.

Previo a gozar de bebidas y buena música en Hanky Panky, un speakeasy bar en la colonia Juárez, inspirado en la época de la prohibición del alcohol que hubo en Estados Unidos y Canadá entre 1920 y 1933.

Al igual que estos bares que existían de forma clandestina atrás de las farmacias, tiendas, florerías y fondas, entre otros, se entra a Hanky Panky por la cocina de una fonda chic que vende antojitos y tlayudas.

La sorpresa es que cuando atraviesas una puerta todo cambia: luces tenues, sillones altos y rojos, una sala privada hundida y una enorme barra son parte del lugar.

Su ubicación es un misterio; te enteras a través del boca en boca, como sucedía antes. Déjate guiar por la Fiera, el barman del lugar, y pide el coctel de la casa, un clásico creado en 1926, que lleva fernet, gin y vermouth.

La salida de Hanky Panky es por un refrigerador de refrescos y cervezas ubicado en medio de la fonda por la que entraste. Mejor cierre no pudimos tener en este recorrido que nos mostró que las buenas experiencias se cocinan a fuego lento, sin prisas.

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Para lo que no se puede comprar…

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Mastercard, en alianza con el Consejo de Promoción Turística de México y con México Best Kept Secrets, han diseñado estas vivencias únicas e inspiradoras para ti.

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