Odio el futbol, pero amo cualquier pretexto que nos impulse a viajar… Y odio también aceptarlo, pero el futbol es una razón de peso para hacer unos buenos ahorros, tomar la maleta y lanzarse a la aventura de conocer una cultura totalmente distinta a la nuestra. Y sí, lo es, al menos para los 60 mil aficionados mexicanos que Alfonso Zegbe, director de Estrategia y Diplomacia Pública de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), estimó que viajarían a Qatar, para presenciar (la derrota) las hazañas de la Selección Mexicana. Fotos: Ale Viveros, Luis Gabriel Núñez, Charly Ramos, Unsplash, Adobe Stock y cortesía.

Odio el futbol, sin embargo amo a Juan Villoro y Martín Caparrós escribiendo poesía absoluta sobre lo que para mí es solo una danza torpe que siempre, al menos desde mi perspectiva, acaba con un guapo en el piso revolcándose de dolor y con mucho tiempo de comerciales y poco tiempo de acción.

En todo caso, nada puedo decir del futbol, porque nada sé del tema, pero es que Caparrós, Caparrós… Con sus formas tan poéticas, tan políticas, tan entrañables, me hace pensar en que los 11 jugadores (número sagrado) se convierten, de pronto, en guerreros jaguar haciendo rituales en torno a una pelota-Sol que tiene a 22 astros girando a su merced… Pero luego me acuerdo que no, que odio el futbol, y se me pasa la emoción literaria.

 

Odio el futbol

 

 

Odio el futbol, pero amo a mis amigas

 

Odio el futbol, pero amo a mi amiga “La Negra” que se pone la camisa albiceleste con el número 10, que yo relaciono con que sí, con que ella es una diosa, pero ella entiende este 10 con un tal mitad hombre mitad Dios que es argentino, a quien le canta, efusiva:  “Maradoooo”. Y a mi no me queda otra más que sonreír, brincar y cantar con ella con la palma en el aire y si tengo mucha suerte, compartir el mate con la misma bombilla. Odio el futbol, pero amo a esta negrita, perdiendo los estribos, tomando mate, sacando las tripas, gritando “¡boludo!” y amando al mismo tiempo la vida en un juego de pelota, en una tarde de té y bailando una cumbia villera con ritmo de acto político y también poético.

Odio el futbol, pero amo ver a mi amiga Ale, la encarnación del éxito ante mis ojos, planear sus viajes en torno a una justa deportiva. También la amo cuando se enoja porque no sé ni quién es quién, cuando hay una pantalla en el bar en el que estoy tratando de competir por su atención contra las piernas hermosas de todos esos atletas.

 

Ale

 

Odio el futbol, pero amo las letras de Ale relatándome su catarsis futbolera. “He ido muchas veces al estadio, no sólo al Azteca. Afortunadamente, he tenido la oportunidad de ver otros equipos en otros países, en competencias locales o por títulos internacionales, de selección nacional o de liga, y nunca deja de emocionarme escuchar los cánticos y porras desde afuera del estadio, sentir la pasión de miles de personas y gritar y brincar con ellos aunque no sea mi equipo. Reír y disfrutar cuando ganamos y llorar y esperar la revancha cuando perdemos…  Porque eso es el futbol.

No son solo 22 personas corriendo atrás de un balón. Es olvidarse de todo, es desbordar la pasión con un pretexto frugal; es gritar hasta desgañitarse, es reír, es llorar, es sentir, es dejar los problemas a un lado. Es ese punto de comunión donde, al menos por 90 minutos, todos somos iguales y lo demás… no importa”, dice.

 

El llamado “mundial maldito”

 

Odio el futbol y lo odio más ahora que está sucediendo en un sitio donde “la palabra democracia es un chiste de mal gusto”, como anunció el escritor Jon Kokura, en su texto El mundial maldito. (No es que sea tan distinto al país en el que vivo, pero es mejor ver y juzgar para afuera que para adentro ¿no?)

 

Mujeres futbolistas

 

“Construyeron estadios de futbol en un «país» donde nadie jugaba al futbol… Para construir los estadios, hoteles, aeropuerto, autopista, centros comerciales, necesitaron mano de obra barata, muy barata Y eso que están podridos en dólares. Y llevaron trabajadores inmigrantes al por mayor. Es un sistema de esclavitud llamado kafala, que consiste en darle todo el poder a un administrador para que contrate inmigrantes, los explote reteniéndole los pasaportes, haciéndolos vivir hacinados y con horarios de trabajo de hasta 18 horas por día…”, continúa Kokura.

Odio el futbol, pero amo ciertas frases de mi admiradísimo Martín Caparrós, el cronista de futbol, de viajes y de la vida misma, que dice  que: “No hay entidad que produzca con más intensidad el ‘efecto patria‘ ahora mismo que los Mundiales”. Y es que nos faltan razones para celebrar, para estar felices. En realidad nos hacen falta héroes, y en ausencia de Nelson Mandela, Simón Bolívar o Mahatma Gandhi, le exigimos a Messi, a CR7 o al Chucky Lozano que sean depositarios de la poquita fe que nos queda, en algo, en lo que sea.

En resumidas cuentas, nos hace falta amor; por eso es que buscamos hacer comunidad, incluso, ahí, donde no la hay.  “Uno se convence de que tiene cosas en común con gente con la que no quiere tener absolutamente nada en común”, explica el argentino radicado en España, Martín Caparrós.

 

Odio el futbol, pero amo escuchar las voces alzándose

 

Me cuesta ser empática con este Mundial… No me pasó de forma tan definitiva ni con Sudáfrica ni con Brasil, países a los que fui a hacer cobertura periodística de viajes un poco antes de las justas. Pero es que ¿cómo permanecer indiferente a las historias que se escuchan?

 

Qataríes

 

Hace unos meses, en Irán, Mahsa Amini, de 22 años, murió en manos de la policía por usar «mal el velo». Esto causó una ola de protestas en Irán y el mundo entero. Como si en Qatar las mujeres se pudieran vestir como se les canta los ovarios, como si en México tomar un taxi sola no fuera un acto kamikase, como si en el mundo no hubiera más de 50 mil mujeres víctimas de feminicidio al año

En Qatar, la periodista mexicana Paola Schietekat, que realizaba cobertura previa al Mundial, vivió su propio infierno al denunciar a su violador: un colega colombiano que la abusó sexualmente en territorio qatarí.

“Sobre la joven de 27 años se impuso una condena de siete años de prisión y 100 latigazos. Como alternativa, le dijeron, podía evitar esa pena si se casaba con su agresor”, leí en El País el 22 de febrero de este año, no en la época del Profeta del siglo VII.

Odio el futbol, aunque hubiera sido más fácil amarlo. Me hubiera convenido amar el futbol, aunque fuera para convivir. Si mi padre me hubiera impuesto su pasión futbolera, crecer en una casa con tres hermanos y un papá americanistas que me ponían la camisa de las Águilas cuando yo quería vestirme de princesa, hubiera sido mucho más sencillo. Odio el futbol, pero amo esa foto en la que tengo puesta, a modo de vestido infinito, la camisa del América de mi hermano Luis.

 

Odio el futbol

 

 

Odio el futbol, pero anoté golazo

 

Odio el futbol, pero amo, profunda y apasionadamente, a mi novio, quien para nuestra tercera cita me invitó a ver un partido a las ocho de la mañana, porque jugaba Leeds United contracontra… ¡No importa!… Quedaron en un “interesantísimo” cero a cero. El caso es que el interés tiene pies y fui, aunque llegué tarde, perdí 20 pesos en una apuesta que hice por su equipo. No entendí una palabra de lo que hablaba con sus amigos en un inglés británico más cerrado que las puertas del Azteca en la pandemia, pero cuando el árbitro silbó el final del partido, la triunfadora era yo. ¿El premio? Ni el Mundial ni la Liga Premier: nuestro primer beso… Así que, Leeds United: hay empate energético entre ustedes y yo. Todo bien.

Odio el futbol, pero amo a muchos que lo aman. Y amo, a fin de cuentas, cualquier pretexto que nos da la vida para viajar, encontrarnos en miradas ajenas, para hacer comunidad… Amo que este Mundial sea un pretexto para alzar la voz, para mostrar nuestro enojo, nuestros prejuicios, nuestro racismo, nuestra humanidad más salvaje, más auténtica. Ojalá nos muestre los rasgos con los que tenemos que trabajar como humanidad.

Marcador final: amo odio el futbol.

 

Cecilia Núñez

 

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Cecilia Núñez

Cecilia Núñez

Es periodista de viajes y gastronomía. Directora Editorial y socia de Food and Travel México, y locutora en Imagen Radio. A lo largo de 19 años de carrera, ha publicado sus crónicas de viaje y gastronomía acerca de más de 50 países en medios nacionales e internacionales. Ha creado, desarrollado y editado el concepto de secciones especializadas en viajes en diversos periódicos mexicanos y programas de radio. Síguela en Instagram como: @cecinunez

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