Awards food and travel
Lenovo¡Te invita a votar por tus favoritos!

Retomar nuestros orígenes

Alejandro Ruíz se ha esforzado por hacer algo único con El Saber del Sabor. Este festival no solo es del gusto, también se exaltan aromas, texturas y colores.

El chef Alejandro Ruíz tiene tres principios básicos: nunca ignorar las tradiciones, ayudar a los proveedores para crear productos de calidad y siempre realizar platillos innovadores. Con estos enunciados en mente, convocó en la ciudad de Oaxaca a más de 30 chefs de toda la República Mexicana para la cuarta edición de El Saber del Sabor.

Cuando estos chefs aceptaron la invitación, decidieron llevar sus mejores cartas, para demostrar quienes son y obviamente de donde vienen. Una de las sorpresas fue La Cocina del Fin del Mundo que llegó desde Mérida, creación de los chefs Roberto Solís y Luis Barocio; porque si la vida se ha de terminar, debería hacerlo en un banquete, tributo a los productos de Yucatán.

Los chefs Guillermo González y Abdiel Cervantes, de Monterrey, dieron la primera cena, que marcaría el ritmo a las demás; aquí resaltó el filete de pescado con cacahuazintle ahumado, panza de cerdo, jalea de tomate y chile de árbol. Pero Rodolfo Castellanos demostró que Oaxaca no sería quien aflojaría el paso, cuando tuvo el placer de cocinar junto al también oaxaqueño José Manuel Baños y el regiomontano Adrián Herrera en cena de Bohemia. Aquí demostraron su capacidad de hacer mucho con poco; el colofón fue cuando sirvieron de las botellas de cerveza un caldo clarificado de tomate, que complementaba el platillo que Rodolfo nombró como Agua de pastor.

Marta Zepeda, icono culinario de Chiapas, gustosa enseñó su platillo estrella, Torta Cielo de Atole de Granillo, usando un anafre con el carbón encima, a manera de horno para calentar, demostró que solo necesitas investigación y productos locales para hacer gastronomía memorable. Lo que en principio solo fue una propuesta de ¿qué pasaría si…?, se ha convertido en el mejor festival culinario que Oaxaca tiene para ofrecer; una experiencia que vale la pena disfrutarse.