The Big Picnic México 2017

Más allá de un día de campo alrededor de la gastronomía, este festival consiguió reunir amigos, familia y productores de México a la mesa, para compartir ideas, opiniones y disfrutar. The Big Picnic en su primera edición, tuvo lugar el sábado 29 de abril en la explanada del restaurante B’ui Cocina de Campo en el Centro Hípico Otomí de San Miguel de Allende, alrededor de pastos verdes y bajo un cielo despejado que sin duda, aportaron a esta gran experiencia.

La calidez del día nos dio la bienvenida junto a tres mentes geniales de la escena gastronómica mexicana: Benito Molina, Javier Plascencia y Dante Ferrero, “La vaca es mía, el atún es de él y la paella la hace Javier”, fue el eslogan del evento y la expectativa que se logró cultivar en el público.

Al llegar al lugar, las protagonistas fueron las dos vacas enteras de Dante Ferrero, terminándose de asar después de más de 24 horas a fuego directo; el espectáculo cautivó a todos e inspiró a tomar la mejor fotografía. El chef de origen argentino pero con espíritu norteño mexicano, es el único promoviendo a gran escala, el uso y consumo responsable de la carne. Su pasión por el insumo cárnico y su profundo conocimiento en el tema, lo convierten en una figura de alto impacto para el medio culinario a lo largo de todo el país.

Más tarde apareció en la escena Javier Plascencia, tijuanense reconocido por darle vida y riqueza a una cocina emergente, que había figurado como un lienzo en blanco, sin una tradición milenaria como la de otros estados, por mencionar Oaxaca o Chiapas. Al hablar con Plascencia y preguntarle por qué había decidido hacer paellas, comentó que fue una elección del comité organizador, por ser un plato que gusta a todos, que se presta a la ocasión y que combina insumos de ambos ecosistemas, mar y tierra a la vez.

Finalmente, el corte de listón dio inicio al festín, seguido por la demostración de Benito Molina y sus atunes de 45 kilogramos. Pescados majestuosos del océano mexicano que hicieron agradecer a quienes observábamos tres pares de manos y un cuchillo bien afilado cortando con máximo respeto y maestría cada atún. Mientras Molina fileteaba la carne de vivo color, Solange montaba un tiradito de atún que le hacía justicia a toda la labor detrás, acentuado por la simplicidad, su frescura y con un sabor a mar total. Así fue el primer platillo.

Platicando con Benito sobre Manzanilla, Ensenada y la cocina de Baja California, resaltó su amor por la pesca, la importancia de aprovechar los productos locales y temporales que ofrece la región, así como el futuro de su cocina con influencias mediterráneas: el mejor pescado del país, un aceite de oliva incomparable y un paisaje vitivinícola con mucho potencial. Sobre el hecho de ser una figura mediática, comentó que las responsabilidades son grandes pero que nunca dejaría de lado la cocina, “cocinero hasta el final”, comentó.

Plascencia no se despegó de las paelleras, añadía puñados de sal a la vez que probaba y removía por aquí y por allá. Acompañada con pan y una cerveza clara, la paella fue un éxito redondo. Y para concluir, había que dejar espacio para deleitar el paladar con la carne de Dante en su punto ideal. Cualquier parte de la vaca, de la cabeza al rabo a disposición del espectador, un manjar que no se ve y no se come todos los días.

La convivencia se completó con cervezas, vinos y mezcales junto a tortas de cochinita pibil y quesadillas, por si lo anterior no hubiera sido suficiente; y entre talento y baile, la fiesta concluyó con la música de los Rumberos de Massachusetts, para terminar de alegrar la puesta de sol de un día de campo diferente.