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The Hidden Kitchen: cocina secreta

Cenas secretas en lugares clandestinos en las que la garantía es observar cosas nuevas, inesperadas y degustar comida de autor, es lo que ofrece The Hidden Kitchen, un concepto que llegó a México hace tres años de la mano de la francesa Sandie Hamon y el chef mexicano Gerardo Aguilar.

Se trata de pop-ups en los que los comensales llegan a lugares clandestinos sin conocer cómo será la mesa, el escenario ni mucho menos lo que degustarán.

El primer paso es registrarse enviando un email, pagar el costo del boleto y esperar a que se cierre la convocatoria para que, tan solo unas horas antes les sea confirmada, también por email, la dirección a la que presentarse.

“Quienes nos buscan casi siempre quieren lugares diferentes tipo sótanos u obras negras, así que nos adaptamos a las peticiones”, comenta Sandie. Las cenas se realizan en promedio cada dos meses y son para, máximo 40 o 50 personas. A la fecha han organizado 45 en México en lugares como el último piso de la torre de Reforma cuando estaba en construcción, y el Nido de Quetzalcóatl.

Novedad

De dichos pop-ups surgieron clientes corporativos que les solicitaban cenas privadas, por lo que ya cuentan con un establecimiento fijo en Humboldt 59, en el Centro Histórico, con capacidad para 25 personas.

“Hacemos desde cenas monocromáticas para lanzamiento de producto, hasta lo que el cliente pida. La idea es sorprender al comensal. Lo que deseamos es provocar emoción en él y cada cena es una experimentación nueva”, comentó Sandie.

La mesa del chef se localiza en el primer piso y allí la mesa se monta prácticamente en medio de la cocina, con la intensión de que puedan ver lo que está sucediendo en ella, que resulta en un menú autor adaptado a los lineamientos previos. La experiencia también estará abierta al público cada dos semanas.

Tanto en pop-ups como en el establecimiento fijo, se garantizan alimentos provenientes de haciendas o granjas en México, con la finalidad de ofrecer productos frescos en platos sencillos pero con una identidad fuerte, además se pone atención en requerimientos especiales como las alergias.

El opening

Durante la inauguración del nuevo establecimiento, el chef colombiano Luis Carlos Angulo, -quien trabajó con Elena Reygadas, propietaria del restaurante Rosetta-, se encargó de los bocadillos. Los invitados pudimos degustar desde croquetas de camarón con salsa de mango, flor de calabaza capeada con relleno de champiñones y requesón con cacahuate, hasta ceviche de guachinango con pepino.

Posteriormente, montó para nosotros un plato con tres zanahorias diferentes que se comen con las manos, al centro llevaba yogurt y sal ahumada y un puré de ciruela natural, una muestra de lo que podría ser un segundo o tercer tiempo en los menús de las experiencias.

La idea viene de Europa y, según Sandie, aunque ya existen varios de estos proyectos en México y Latinoamérica, la respuesta en México ha sido más emocional que en el resto del mundo.

El público que se ha acercado tiene, en promedio, entre 35 y 40 años, pero puede cambiar de una cena a otra. “El hilo conductor es que son personas curiosas, quieren probar nuevas cosas, les interesa la comida, el vino, el arte en general”, agregó la también directora del proyecto.

Pop ups

Costo: $1,800 por persona, incluye siete tiempos, mixología, vinos y postre. Duración: cuatro horas. «Pop-ins», que son sus cenas en el local para el público en general: $1,250. Más información en thehiddenkitchen.mx