Nuestros antepasados prehispánicos consumían diferentes alimentos que todavía son importantes para nuestra dieta en la actualidad. Parte de la cultura ancestral que heredamos de ellos son las historias y el misticismo que envuelve a estos ingredientes. Aquí te platicamos de cuatro alimentos mexicanos que poseen fascinantes leyendas. 

 

 

Chocolate

 

Alimentos mexicanos

 

Cuenta la leyenda del origen del chocolate que Quetzalcóatl quería tanto a su pueblo que les regaló una planta de cacao, que había robado a los dioses y de la que obtenían una bebida que solo era digna de ellos. La plantó y le pidió a Tláloc que la alimentara con la lluvia y a Xochiquétzal, que le diera las flores más hermosas.

Quetzalcóatl enseñó personalmente a su pueblo a recoger el fruto, a tostarlo, a molerlo y a mezclarlo con agua para hacer la bebida especial de dioses y nobles. Pero los dioses se enojaron y prometieron venganza. Un día, uno de ellos bajó para ofrecerle a Quetzalcóatl una bebida que lo emborrachó y lo hizo deshonrar a todo su pueblo.

Avergonzado y llorando, se dio cuenta de que todas las plantas de cacao se habían secado. Mientras se alejaba de su pueblo, arrojó las últimas semillas de cacao que le quedaban y esas son las plantas que subsisten hasta hoy.

 

 

Maíz

 

 

Alimentos mexicanos

 

La historia del Popol Vuh es quizá la más famosa de las leyendas sobre alimentos mexicanos. Esta narración cuenta que los dioses mayas crearon el mar, los valles, las montañas, plantas y animales. Entonces, cuando decidieron crear seres que los veneraran, sus primeros tres intentos fracasaron.

Primero fueron los animales de cuatro patas y las aves, incapaces de hablar; después, hicieron una criatura de lodo que se disolvía al mojarse, y, el tercer intento fueron los hombres de madera, que hablaban y se multiplicaban, pero no tenían alma.

Los dioses mandaron un huracán para deshacerse de los hombres de madera y procedieron a hacer un cuarto intento, creando a los hombres a base de maíz. Estos seres eran capaces de cumplir sus obligaciones y ver todo en el espacio y tiempo. Como veían demasiado, los dioses decidieron nublar su visión y esta es la humanidad que ahora habita la Tierra.

 

 

Vainilla

 

Alimentos mexicanos

 

La leyenda totonaca que narra el origen de la flor de la vainilla es una historia de amor. Se dice que Papantla era una ciudad dedicada al culto de la diosa Tonacayohua, quien protegía las cosechas. Doce mujeres le dedicaban su vida y una de ellas era Tzacopontziza, hija del rey Teniztli, quien prefirió ofrecerla a la diosa que verla crecer y dejarla casarse. Poco a poco, la belleza de la princesa fue creciendo y el príncipe Zlatan-Oxga se enamoró de ella.

El príncipe ignoró todas las advertencias y poco a poco fue enamorando a Tzacopontziza hasta que decidieron huir juntos. La diosa Tonacayohua dejó monstruos de fuego para evitar que la pareja escapara y uno de ellos mató al príncipe de un golpe. Después, sin haberse separado nunca de los brazos de Zlatan-Oxga, la princesa murió también.

A los pocos días, ahí donde la sangre de la princesa y el príncipe fue derramada, empezó a crecer un arbusto fuerte y una planta trepadora con una orquídea blanca que se aferraba a él y poseía un delicioso aroma. Todo el reino entendió que el dulce aroma de la flor de la vainilla era la princesa y el arbusto que protegía la orquídea era el príncipe.

 

 

Pulque

 

Alimentos mexicanos

 

El pulque es una bebida prehispánica que ha sido consagrada a los dioses y que ha estado en riesgo de desaparecer por prohibiciones gubernamentales a lo largo de la historia, de acuerdo con datos de la Secretaría de Cultura. Otra de las leyendas sobre alimentos mexicanos más populares es precisamente la del origen de esta bebida.

Cuenta la historia que una princesa azteca llamada Xóchitl pasaba mucho tiempo en el campo. Mientras paseaba entre magueyes, vio que había muchos tejones y que los tlacuaches y los conejos habían hecho agujeros al maguey y se iban y volvían muy alegres. Cuando se acercó para descubrir lo que sucedía, notó que salía un jugo blanco de los agujeros y decidió probarlo. La bebida le encantó y corrió por una olla de barro para recolectar un poco más y llevárselo a Papatzin, su papá.

A Papatzin también le encantó su sabor y, al paso de los días, el líquido había cambiado su color, textura y aroma y el sabor era todavía más rico y lo hizo sentir más alegre. Papatzin llevó a su esposa y a hija Xóchitl con el rey Tepalcatzin para darle a probar este néctar. El rey también quedó sorprendido con el sabor y le pidió a Xóchitl que se quedara en el palacio para enseñarle a las demás mujeres a obtener la bebida, hasta que se hizo popular entre los nobles y dioses.

 

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