Como un sabor nuevo y sutil, el Hotel Cacao llega a Playa del Carmen para refrescar la paleta de opciones de hospedaje y ofrecer a la vez un oasis en el mismo destino. Dentro de esta burbuja, Elsa Navarrete disfrutó al máximo de cada uno de sus espacios y experiencias

Casi me olvido de los bares, la música y las tiendas que inundan la 5ta Avenida: me he entregado a la paz del lugar, aunque esté en medio del Hotel Cacao Playa del Carmen y su ambiente vibrante.

Al principio, me pareció curioso que situaran aquí un enclave que promete calma tipo zen, pero cualquier duda se disipa con tan sólo pisar el lobby del recién inaugurado Hotel Cacao.

Tras el éxito de Matilda, un encantador art boutique asentado en San Miguel de Allende, Harold Stream y Bruce James crearon el grupo Cornerstone en 2013.

Su plan es ofrecer estilos sofisticados de hospedaje en un pueblo colonial, un destino de playa y una ciudad. Y así lo han hecho: eligieron esta zona costera, de famosa vida nocturna, para operar y liderar su segundo hotel boutique.

“Después de haber sido un pueblo casi secreto, Playa del Carmen se puso de moda y creció masivamente”, me comenta Bruce al recibirme.

“Ahora la gente asidua busca más opciones, por lo que creímos que éste era el momento idóneo para abrir Cacao como un escape de la 5ta Avenida”, continúa.

Mientras estamos parados en el patio interior de este edificio de cinco pisos. Además de la altura, una gran pared de agua y un estanque lleno de lirios acuáticos. Mismos que surgen entre plataneros y una vieja canoa, funcionan como un aislante. Aquí el ambiente es silencioso.

Sin embargo, el verdadero protagonista de este patio es un mural de la selva que cubre toda la pared del restaurante Nibs y que hace referencia a la abundancia de la península de Yucatán.

Esta obra pertenece al artista brasileño Eduardo Kobra, a quien James conoció en el festival Art Basel, en Miami. El muralista  pasó una semana trazando un homenaje a la pintura El sueño del posimpresionista Henri Rousseau, de la cual retomó el paisaje exuberante y lo combinó con sus trazos, sombras y colores característicos que logran un aspecto tridimensional.

“Los principales elementos decorativos son el agua, la vegetación, la madera y el arte, tal como en Matilda”, me cuenta ilusionado Bruce, quien consiguió el lleno total para las vacaciones decembrinas.

Al entrar a mi pequeño refugio, percibo que el minimalismo prevalece, y sin embargo, está lleno de detalles acogedores. Como las lámparas de latón, traídas desde San Miguel de Allende, así como el espejo de cuerpo entero y otros accesorios. Incluyendo amenidades de la marca italiana Missoni.

Predominan los tonos arena y grisáceos para contrastar con la blancura de la ropa de la cama y la calidez de la madera. Salgo al balcón y alcanzo a ver el océano.

En el embrujo de su color turquesa, mis pensamientos logran desvanecerse. No hay nada más relajante que contemplar el mar, y más si se hace desde estos cómodos aposentos.

Los detalles curiosos se cuelan por todos los rincones del hotel. Recién se abren las puertas del elevador en el último piso, aparece incrustada en la pared la mitad de un Volkswagen tapizado de conchas, aunque la que reina en la terraza es la piscina panorámica. Misma que pareciera que sólo unas plantas la separan del cielo. Me recuesto sobre una de las tumbonas que rematan la atmósfera para simplemente caer en la relajación total…

Habitación deluxe desde $300 USD. hotelcacao.com.mx

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