Entre canales, trajineras y humedales de Xochimilco, el ajolote pasó de ser una curiosa criatura de agua a convertirse en uno de los grandes símbolos de CDMX. Hoy aparece en murales, artesanías y diseño mexicano, pero detrás de su imagen tierna existe una historia ligada al origen lacustre de la ciudad y a la identidad chilanga. Entender por qué el ajolote se volvió tan icónico es también descubrir una parte esencial de la capital. Fotos: Adobe Stock
Ajolote: la historia detrás del anfibio más mítico

Hablar del ajolote es hablar de los antiguos lagos del Valle de México. Su nombre proviene del náhuatl axolotl y desde tiempos prehispánicos estuvo relacionado con la cosmovisión mexica. De acuerdo con la mitología, el dios Xólotl se transformó en ajolote para escapar del sacrificio. Por esa razón, este animal quedó asociado con la transformación y la resistencia.
La relación entre el ajolote y CDMX no es casual. Este anfibio habita de forma natural en los canales y humedales de Xochimilco, uno de los últimos rastros del antiguo sistema lacustre sobre el que se construyó la ciudad. Precisamente por ese valor histórico y ambiental, Xochimilco fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1987.
Con el paso de los años, el ajolote dejó de ser solamente una especie endémica para convertirse en un símbolo de CDMX reconocido dentro y fuera de México. Su presencia en ilustraciones, productos culturales y proyectos de conservación ayudó a que nuevas generaciones lo adoptaran como una representación contemporánea de la ciudad. Es decir: un lugar resiliente, único y profundamente ligado al agua.
Por qué el ajolote se volvió un símbolo de CDMX

Hay pocos animales tan asociados a una ciudad como el ajolote lo está con la CDMX. Parte de esto tiene que ver con sus características únicas: conserva rasgos larvarios durante toda su vida y posee una extraordinaria capacidad de regeneración, cualidades que lo hicieron famoso en el ámbito científico internacional.
Pero también existe una razón emocional y cultural. El ajolote representa algo que la ciudad no quiere perder: su vínculo con los lagos y con la biodiversidad que existía antes de la urbanización masiva. En una metrópoli marcada por el concreto, este anfibio funciona como un recordatorio de que la CDMX alguna vez fue una ciudad rodeada de agua.
Por eso, el ajolote se ha integrado cada vez más en la identidad visual de la capital. En años recientes, distintas iniciativas culturales y urbanas lo han retomado como emblema de la ciudad, reforzando su presencia como símbolo de CDMX. Sobre todo en espacios públicos, ilustraciones y campañas culturales. Incluso el billete mexicano de 50 pesos ayudó a consolidarlo como una de las imágenes más reconocibles del país.
Además, su popularidad creció gracias a redes sociales, artistas e ilustradores que encontraron en el ajolote una figura cercana, visualmente poderosa y muy mexicana. Hoy, para muchos, pensar en un símbolo de la CDMX lleva a imaginar este pequeño anfibio de branquias rosadas.
El lado más vulnerable del ícono chilango
Aunque el ajolote es uno de los animales más queridos de México, su realidad es mucho más compleja. Actualmente se encuentra en peligro crítico debido a la contaminación de los canales, la pérdida de humedales y la introducción de especies invasoras como tilapias y carpas. Investigaciones realizadas por la UNAM han documentado una caída drástica en su población silvestre durante las últimas décadas.
Mientras en 1998 se estimaban alrededor de 6 mil ajolotes por kilómetro cuadrado en Xochimilco, para 2014 la cifra descendió a apenas unas decenas. Por eso, especialistas y proyectos de conservación insisten en que proteger al ajolote también significa proteger los ecosistemas acuáticos de la ciudad. Ahí es donde el tema adquiere una dimensión mucho más profunda.
El ajolote no solo es un símbolo de CDMX por su cara feliz o por aparecer en souvenirs turísticos. También lo es porque refleja las contradicciones de la capital: una ciudad que intenta conservar fragmentos de naturaleza mientras continúa creciendo.


Y quizá esa sea la razón por la que el ajolote sigue despertando fascinación. Porque hablar de él es hablar de memoria, identidad y del delicado equilibrio entre modernidad y conservación en una de las ciudades más grandes del mundo.
Si el ajolote también te parece uno de los símbolos más fascinantes de la CDMX, tienes que conocer la nueva exposición del MUMEDI inspirada en este icónico anfibio mexicano.


