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Rutas del queso en el mundo

Los productos gastronómicos locales y tradicionales son una razón importante para visitar ciertos destinos. No es coincidencia que se diseñen experiencias turísticas alrededor de productos con un peso histórico y cultural tan grande, como el queso. Por ello te compartimos cinco rutas queseras alrededor del mundo, para quienes busquen conocer sus orígenes, disfrutar sus historias y deleitarse con sus sabores.

La ruta vasca del Idiazábal

La Ruta del Queso Idiazábal invita a conocer los rincones idílicos de Gipuzkoa, en el País Vasco. Recorrer los casi 100 kilómetros que cruzan las comarcas de Goierri, Alto Urola y Alto Deba, es una oportunidad perfecta para conocer el ciclo productivo de este producto lácteo de principio a fin. La ruta se compone de seis etapas, una por día, comenzando por los Parques Naturales de Aralar y Aizkorri-Aratz, donde pasta la oveja latxa, pasando por las queserías donde se elabora y el pueblo que le da nombre, hasta los mercados donde se comercializa, como el mercado de Ordizia; es imprescindible visitar también el Centro de Interpretación de Queso de Idiazábal.

Los quesos de Auvernia, Normandía y alrededores

Un queso para cada día del año, es la promesa de Francia para el mundo. El país galo es un destino clave para los amantes del queso que brinda inolvidables paseos por sus diferentes regiones queseras. De Auvernia, los famosos Bleu d’Auverne, el Saint Nectaire, el Cantal y el Fourme d’Ambert. El objetivo es conocer aquellos quesos que sería imposible probar fuera de Francia. Otra opción es desembarcar en Normadía, la tierra del Pont l’Évêque, del Livarot y del más antiguo Neufchâtel, así como del Camembert; vale la pena conocer su historia y degustarlo con unas nueces y una sidra típica de la región.

Otras rutas clásicas son la de Savoya, donde se produce el Beaufort o “príncipe de los gruyeres”, así como el Reblochon. Muy cerca, en los departamentos de Doubs, Jura y Ain, se elaboran quesos célebres como el Gruyere, el Morbier y el Comté, entre otros. No se puede dejar de visitar la ciudad de Roquefort-sur-Soulzon, hogar de otra estrella, el queso azul de oveja. Otra ruta entre Noirt y Poitiers ofrece 33 paradas para probar los mejores quesos de cabra, como el Chabichou y el Chevre-boite. Finalmente hay una parada obligada en el Principado del Brie, por la ciudad de Jouarre en Ille de France.

La ruta del Emmenthal en bicicleta

Tecnología, aventura y gastronomía se unen en esta ruta en las cimas alpinas de Suiza, a través de una aplicación para iPhone y Android que sirve como guía a lo largo del camino y ofrece, a través de audios, imágenes y videos, historias increíbles alrededor del mundialmente reconocido queso, famoso por sus grandes agujeros. La ruta comienza y termina en la pequeña ciudad medieval de Burgdorf y se pueden recorrer los 21 puntos de interés, desde la producción de la leche hasta la exportación del queso, en 35 kilómetros durante un día o en 78 kilómetros durante dos días.

Las ruedas de queso Holandés

Viajar a Holanda es viajar al año de 1622 en Alkmaar, uno de los mercados más antiguos del mundo, que sigue funcionando y mantiene vivas sus viejas costumbres. Aquí se rememoran las enormes ruedas de queso deslizándose para su venta y subasta. Desde el mes de abril hasta finales de verano, se vende el queso como se hacía siglos atrás. No pueden dejar de mencionarse las ciudades holandesas que producen excelentes quesos de fama internacional como el Edam y el Gouda.

La ruta del queso en Tequisquiapan, Querétaro

En pleno Bajío queretano se encuentran cuatro ranchos dedicados a elaborar quesos que no tienen nada que envidiarle a los fabricados por los franceses o los suizos. La primera parada es en Quesos Vai, una fábrica artesanal con una vieja cava y establos con terneritos, vacas y borregos; en el Rancho Santa Marina, de producción orgánica, se pueden degustar quesos como el feta, crottin y chabichou. El Rancho La Hondonada, cerca de Bernal, elabora los lácteos Flor de Alfalfa, igualmente orgánicos; finalmente, en el Rancho La Serpentina, atendido por Mireya Guerrero y don Carlos Peraza, habita un centenar de cabras, responsables de la materia prima para la fabricación de quesos con influencia francesa extraordinarios.