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Sobre las vías, una experiencia a bordo del Chepe Express

Todavía no son las seis de la mañana, pero en la estación del tren de Creel, Chihuahua, ya estamos un grupo considerable de personas esperando un momento sublime que no se volverá a repetir: cuando el sonido de la máquina del Chepe Express inunde el silencio de la neblina y podamos subir por primera vez a este tren que ha cautivado a tantas y tantas mentes.

Un trabajador de Ferromex pide que nos alejemos de las vías y respetemos la línea amarilla marcada, mientras otro más junta las maletas, las cuales deben ir previamente etiquetadas con la estación en la que vamos a bajar; cada uno de nosotros con un destino diferente. Fotos: Eliher Hidalgo. 

Se puede viajar en clase turista por $3,600 pesos, aunque la diferencia de $2,400 por ir en ejecutiva pronto se me hará presente. Tomo mi lugar como los otros viajeros y espero a que el Chepe inicie su marcha: se pueden oír las ruedas creando fricción con las vías, el movimiento no tarda en comenzar. Rita Meraz, del Fideicomiso ¡Ah Chihuahua!, me acompaña en mi travesía y no tarda en sugerirme: “vamos para atrás, ahí está el mejor vagón de todos”.

 

El Chepe

 

Se trata del vagón terraza, al cuál solo pueden acceder los pasajeros de clase ejecutiva. Hay cómodos asientos, una barra donde se sirve mixología, vinos y destilados, aunque de mañana ofrecen café, chocolate y té, además de pan dulce que acoge al corazón. Lo mejor de este espacio es que casi todas las ventanas se pueden abrir, así que tienes una vista sin obstáculos de la naturaleza siempre cambiante.

Todavía no ha amanecido pero una sutil línea naranja empieza a emerger entre la neblina y la oscuridad: bosques de coníferas, valles, montañas, cortes transversales en la sierra y parajes, que casi parecen imposibles capturar en movimiento, surgen y se ocultan en segundos; por eso merecen mucho más ser guardados en la memoria que en un teléfono, no importa que tan inteligente sea este. Con una concha esponjosa y un café en mano, no se puede ser más feliz.

 

De bellezas naturales y otros parajes idílicos

 

El Chepe

 

Debo confesar que mi recorrido no empezó en ese punto, sino en el aeropuerto de Chihuahua, Chihuahua, ¿por qué la mención de esto? Porque mi segundo punto favorito del viaje –uno de tantos matices que es difícil asignar lugares– fue cuando Pedro Palma, el conductor de Tara Aventuras, sugiere hacer una parada en Gorditas Lupita, en el municipio de Santa Isabel, yendo hacia Creel.

Este puesto ya lleva 20 años funcionando y parece casi un restaurante al aire libre. Lupita Ramírez empezó a vender estás gorditas a base de harina de trigo que se rellenan de diferentes guisados como picadillo, chicharrón prensado, frijol con queso –mi favorita– y la de chile pasado, que como me cuenta Pedro, se trata de un guiso donde se dejan secar los chiles y luego se vuelven a rehidratar para realizar así una preparación muy común en la región de sabor ahumado y lleno de texturas.

Falta mucho tiempo todavía, pero Pedro y Rita conocen los mejores lugares del estado camino a Creel, así que paramos en Cusárare Sierra Lodge, unas cabañas que intencionalmente han permanecido rústicas: sin internet, señal de celular ni electricidad.

La luz al interior proviene de antiguas lámparas de aceite, mientras la comida la hacen cocineras tradicionales rarámuris que destacan por su gran sazón. Es la caminata por el bosque hasta la cascada de Cusárare la que completa el estado Zen que te prepara para el día siguiente, cuando la señal casi nula, a excepción de las paradas, te fuerce a desconectarte de las redes sociales, de los pendientes y del estrés.

 

El Chepe

 

La pernocta la realizo en el Hotel Quinta Misión, cuyas amplias habitaciones y estilo clásico confortan de una manera diferente, además de que aquí uno sí tiene todas las necesidades modernas, incluyendo WiFi; para este momento, un poco irrelevante. Cierro los ojos y solo me imagino ese primer instante frente al Chepe Express; la realidad, debo admitir, fue mucho mejor.

Una vez más me encuentro de regreso a como empecé esta narración: arriba del tren. Ilusamente pensé que el recorrido de Creel a Divisadero me dormiría, pero eso hubiera significado perderme de alguno de los mil panoramas que se crean en esa hora y media; incluyendo el momento en que te bajas del tren y puedes admirar las Barrancas del Cobre en todo su esplendor. Casi sin pensarlo camino a través de los puestos hasta llegar ante ese espectáculo lleno de verdes que me seduce por algunos momentos.

 

El Chepe

 

En este lugar es precioso caminar por horas, aunque también es el preferido de la gente que le gustan las experiencias extremas. Por eso es obligado pasar al Parque de Aventura Barrancas del Cobre, que ostentaba, hasta hace poco, la tirolesa más larga del mundo con 2,530 metros de largo. No es que la hayan quitado, solo que Dubái se ha robado otro récord porque no tienen nada mejor qué hacer. Aún así la experiencia es escalofriante, por lo menos al principio.

Ajustan el arnés del Zip rider, me suspenden del cable, piden que coloque las piernas al lado de la puerta, la abren y solo puedo ver la inmensidad de las barrancas y una línea a la que no le veo al final. Salgo disparado y los primeros segundos son para tomar aire de la impresión, los siguientes minutos, afortunadamente, para gozar de la inmensidad del lugar mientras el viento sopla o soy yo el que sigue moviéndose tan rápido que ya ni se siente extraño.

El mismo artilugio disminuye la velocidad y hace que la llegada al otro lado sea algo tranquilo; de ahí el problema, son los 800 metros de subida hasta el teleférico de regreso, pero te dan agua, así que por lo menos te puedes hidratar.

Para el atardecer, la vista desde el Hotel Mirador, de Balderrama Hotel Collection, es una de las mejores para ver las tonalidades del cielo cambiar hasta anochecer; justo son los últimos rayos del Sol los más bellos. Lo mismo al amanecer, donde das gracias que todos los cuartos tienen terraza viendo el panorama.

 

El Chepe

 

De comer en movimiento y más momentos únicos

 

Al día siguiente me encuentro nuevamente parado frente a la estación del tren, esta vez me toca verlo llegar y no solo arrancar la maquinaria. El Chepe puede oírse a lo lejos, incluso antes de asomarse en la última curva. Las maletas ya están listas con su etiqueta que indica que deberán bajarse en El Fuerte, otro Pueblo Mágico igual que Creel, solo que este en el estado de Sinaloa.

Casi inmediatamente quiero regresar al vagón terraza pero Rita me convence de primero ordenar el desayuno: “Este es el momento en que Urike, el restaurante a bordo, abre servicio, así que siempre es mejor ordenar de una vez”. La carta está diseñada por los chefs Daniel Ovadía y Salvador Orozco, y a pesar de no ser larga, si se antoja todo.

La granola hecha a bordo, con orejones de manzana y durazno, acompañado de yogurt y fruta de la temporada es una gran manera de abrir el apetito. De ahí es difícil elegir entre los huevos benedictinos con una salsa holandesa de chile pasado acompañado con marlín ahumado de Topolobambo, el chile relleno de chicharrón en salsa verde también con salsa de frijol y tortillas; aunque ganan los chilaquiles rojos de chile pasado, los míos con un poco de cecina.

 

El Chepe

 

No es necesario perderse el paisaje, pues en la parte del vagón de Urike hay un domo desde donde se puede seguir contemplando todo. El servicio es un poco pausado, pero se entiende, al final están cocinando en movimiento y es una sorpresa darse cuenta que los meseros en ningún momento titubean un paso, mientras que por lo menos yo ya me he dado un par de golpes contra una pared por no manejar mi equilibrio tan bien. Otra sorpresa son los sabores tan precisos que salen de la pequeña cocina, donde solo verdaderos atrevidos deben tener la confianza de realizar su labor día con día.

Volvemos a la terraza, a seguir enamorándonos del paisaje, ahora mientras cambia de los bosques fríos a parajes más tropicales, cuestión que se nota cuando la gente empieza a quitarse las capas de ropa. Pronto el calor obliga a un par a pedir algunos cocteles que tienen disponibles, simples aunque refrescantes. Cascadas, árboles frutales, aromas a mangos y duraznos, cielos azules enmarcados por nubes esponjadas y lugares que solo el tren y los locales conocen.

 

 

Nos topamos con el Chepe regional, ese otro tren de pasajeros que tienen una función más de transporte local, a pesar de que también se pueden ver a los turistas. Los saludos son efusivos, de un viajero a otro que se identifican. Los túneles y lo selvático también se quedan atrás para abrirse paso a páramos vastos, vistas que ya he visto en otros trenes; así que regreso al interior, a leer un par de horas antes de que lleguemos a la estación.

¿Estás listo para conocer la leyenda de El Zorro?”, pregunta Pedro y yo solo puedo pensar: ¿no era solo un programa de televisión de mi infancia… o una película muy mala cortesía de Antonio Banderas? Al parecer Don Diego de la Vega fue una persona de carne y hueso que habitó en El Fuerte y que venía de familia noble. Sin embargo, muchos dicen que el personaje que creó el escritor norteamericano Johnston McCulley, en su obra La maldición de Capistrano, poco tienen que ver con el sujeto de carne y hueso para ser más bien inspirado en bandoleros californianos de aquellos años.

 

El Chepe

 

Sin importar cuál es la verdad, en el hotel Posada del Hidalgo se encuentra una estatua del enmascarado y un acta de nacimiento de Don Diego de la Vega; si realmente este salía disfrazado a combatir injusticias… Lo que sí, es que en su restaurante Don Diego encontrarás unos de los mejores mariscos de la región. Desde un aguachile estilo Sinaloa que tiene un picor disfrutable, tal vez un poco subido, hasta unos langostinos al ajillo que te puedes devorar mil.

Camino al aeropuerto, solo puedo pensar en regresar: volver a ver todo el espectáculo una y otra vez, incluso si está en mis recuerdos y no lo olvide; es un deseo de disfrutarlo todo en su esplendor y ver qué postales me perdí la primera vez. Sin embargo, si eres de los que todavía no te arriesgas, entonces ¿qué estás esperando? Pocas cosas son tan satisfactorias y no tantas experiencias se quedan en el corazón. chepe.com.mx

 

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