El chef Thierry Blouet nos contagia su incansable e incontenible curiosidad ante el universo, con el cual dialoga en forma de arte.

Ser uno de los orquestadores del Festival Gourmet International debe ser difícil; dirigir el Café des Artistes en Puerto Vallarta, también; al igual, ser un hombre de negocios que mantiene viva la llama de esa hoguera armoniosa y de mil caminos que se llama creatividad. Pero el chef Thierry Blouet lo hace parecer fácil. Entre sus sienes parece haber un remolino que absorbe todo a su paso, mientras detrás de su esternón hay un manantial de ideas que toman la forma de obras artísticas montadas sobre platos, sobre una carta o donde mejor le convenga. Así es este artista que se coloca la filipina para repartir lo que su incansable imaginación le inspira a cada momento.

 

¿Cómo definiste tu pasión por la cocina?

Nació desde niño, porque durante muchos años viví en hoteles, en los que siempre se hablaba de comida. Mi primera idea de ser chef se presentó cuando tenía entre siete y ocho años. Después, en prepa, cocinaba a mis amigos como hobby; entonces quería estudiar Economía o Agronomía, pero decidí tomarme un año sabático. En medio del hobby me di cuenta de que me encantaba y pues decidí seguir por ahí. En la marcha me he convertido en empresario, aunque nunca he querido dejar de lado mi parte artística. Soy un apasionado del diseño —de interiores, de jardines, de cocinas, de platillos—.


Cangrejo suave frito

 

¿De qué pensamientos o sensaciones está repleto tu arte gastronómico?

Mis creaciones son una verdadera mezcla. Puedo estar en un puesto de tacos y queda grabada en mi mente una salsa; si algo me encantó en un museo o en una revista, como un vestido muy bonito, una planta, un jardín, un atardecer, reinterpreto esos disfrutes de la vida. Así trabajo. Lo importante es no perder la sensibilidad ante la vida; quiero estar conectado con el universo, pues así obtengo inspiración para generar ideas.

 

Aparte del visual, ¿qué otros sentidos te gusta conmover con cada platillo?

Sí soy un chef visual, pero intento siempre integrar los cinco sentidos. Me considero una esponja y tomo ideas de todos los viajes que hago, y con bastante sensibilidad; me gustan la vida, el arte, el buen gusto. Todos esos estímulos los voy uniendo en mi mente para crear cosas de manera constante.

 

Cafe-des-Artistes

 

¿Qué coincidencias hay entre la cocinas puertorriqueña, francesa y mexicana?

Conozco poco de la cocina de Puerto Rico, aunque nací allí; este país no aparece en mi cultura personal. Sí soy una mezcla de Francia y México. Aquí tengo a mi familia, a mis hijos. El país que más amo es México, pero lo fantástico para mí es la fusión de esas dos culturas. El refinamiento y la técnica provienen de mi parte francesa, pero la pasión, el colorido y la diversión nacen de lo mexicano. Estoy convencido de que las cocinas pueden mezclarse y conservar su esencia. En el caso de Café des Artistes, la cocina es francesa con inspiración mexicana; me inspiro en ingredientes y sabores mexicanos; los del pueblo profundo siempre han cautivado mis sentidos.

 

¿Ha cambiado la cocina mexicana?

No la colocaría en una posición. Lo interesante de la cocina mexicana es ver qué piensan de ésta en otros países, en particular la gente que nunca ha visitado México. La cocina mexicana está experimentando un cambio francamente grande y, lo mejor es que los cocineros ya se la creen. Hay un marcado interés y efervescencia por México, nación que está de moda en su propio territorio, ¡y eso es maravilloso!

Texto: Dulce Fabiola Vega y Erick García.

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