De una carta a un chip: así es la historia de los pasaportes

De una carta a un chip: así es la historia de los pasaportes

Cada vez que planeamos un viaje internacional hay algo que nunca puede faltar en la maleta: los pasaportes. Pero, ¿alguna vez te has preguntado cómo surgió este pequeño documento que hoy nos permite cruzar fronteras? Su historia es mucho más curiosa de lo que parece y ha cambiado junto con nuestra forma de viajar. Acompáñanos a descubrirla. Fotos: Adobe Stock

Antes de los pasaportes, ¿cómo se podía cruzar una frontera?

Los pasaportes no siempre fueron como los conocemos.

Aunque hoy pensamos en los pasaportes como algo indispensable para viajar al extranjero, la idea de controlar quién podía entrar o salir de un territorio existe en la Historia desde hace miles de años.

Una de las referencias más antiguas aparece en el Libro de Nehemías, escrito aproximadamente en el siglo V a.C. Nehemías recibió cartas del rey persa Artajerjes I para presentarlas ante los gobernadores de los territorios que atravesaría durante su viaje. No eran pasaportes como los actuales, pero sí funcionaban como una autorización para pasar.

También hubo sistemas similares en otras civilizaciones. En la antigua China existieron documentos para controlar los desplazamientos y, en la India, el Arthaśāstra mencionaba permisos para entrar y salir de determinados territorios. La lógica era sencilla: las autoridades querían saber quién viajaba, de dónde venía y si tenía autorización para continuar su camino.

Así inició la historia de los pasaportes

Los viajeros necesitaban cartas emitidas por reyes.

Durante la Edad Media, algunos viajeros necesitaban cartas emitidas por reyes u otras autoridades para atravesar determinados territorios. Comerciantes, diplomáticos y peregrinos podían llevar estos documentos como una especie de permiso para continuar su camino. Todavía no existía un formato universal, pero la idea de identificar al viajero y autorizar su paso comenzaba a tomar forma. Incluso la palabra passeport, de origen francés, está relacionada con la idea de “pasar”.

Con el tiempo, aquellos documentos también se convirtieron en pequeñas cápsulas de historias. Hoy existen coleccionistas que reúnen pasaportes de países que desaparecieron, cambiaron de nombre o incluso dejaron de existir. Y aquí aparece un dato curioso: durante mucho tiempo no todo el mundo necesitaba pasaporte para viajar al extranjero. En Reino Unido, por ejemplo, antes de la Primera Guerra Mundial no era obligatorio para la mayoría de los viajeros.

La Primera Guerra Mundial lo cambió todo

No todo el mundo necesitaba pasaporte para viajar al extranjero.

La Primera Guerra Mundial marcó un antes y un después para la historia de los pasaportes. Los gobiernos comenzaron a reforzar los controles fronterizos y a exigir documentos que permitieran identificar con mayor precisión a quienes entraban y salían de sus territorios. En Reino Unido, la legislación de 1914 estableció un sistema formal de pasaportes y poco después las fotografías comenzaron a formar parte del documento.

Terminada la guerra, surgió otro problema: cada país manejaba formatos y requisitos diferentes. Para facilitar los viajes internacionales, en 1920, la Sociedad de Naciones organizó en París una conferencia sobre pasaportes y viajes. A partir de entonces comenzaron a establecerse criterios comunes mundiales que acercaron estos documentos al formato que conocemos actualmente.

El pasaporte que nació de una crisis

En 1922 surgió el pasaporte Nansen.

La historia de los pasaportes tiene un capítulo inesperado. Después de la Primera Guerra Mundial, miles de personas quedaron desplazadas o sin posibilidad de obtener un pasaporte nacional. Para ellas surgió, en 1922, el pasaporte Nansen, impulsado por el explorador y diplomático noruego Fridtjof Nansen, entonces Alto Comisionado para los Refugiados de la Sociedad de Naciones.

El documento permitía identificar y facilitar los viajes de personas que no podían obtener un pasaporte de su país. Fue reconocido por numerosos Estados y se convirtió en un antecedente de los documentos de viaje para refugiados que existen actualmente. Nansen recibió ese mismo año el Premio Nobel de la Paz por su trabajo humanitario.

De las páginas de papel a la tecnología

Durante el siglo XX, viajar en avión se volvió cada vez más común y los controles fronterizos necesitaban ser más rápidos. Por eso, la Organización de Aviación Civil Internacional comenzó a desarrollar estándares para que los documentos pudieran ser procesados por máquinas. Así llegó otro cambio en la historia de los pasaportes. En 1980, este organismo publicó las primeras especificaciones para pasaportes de lectura mecánica.

¿Has visto las dos líneas llenas de letras, números y signos que aparecen debajo de tu información personal? Se trata de la zona de lectura mecánica, diseñada para que los sistemas de control puedan interpretar los datos del documento. Después llegaron los pasaportes electrónicos, que incorporan un chip con información del titular y elementos de seguridad digital, e incluso biométrica. Actualmente, más de 140 Estados y entidades emiten este tipo de documentos.

De las páginas de papel a la tecnología.

La próxima vez que guardes este documento antes de viajar, recuerda que no siempre fueron como los conocemos. Los pasaportes tienen una historia con siglos de permisos, fronteras, guerras, migraciones y tecnología. Es un documento pequeño que terminó convirtiéndose en una de las grandes llaves para recorrer el mundo.

 

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