Surgencia: el documental con Benito Molina y Hugo D’Acosta que da voz a Baja California

Hay territorios que se descubren más allá del mapa. Lugares donde el mar dicta el ritmo de la vida y la tierra guarda silencios que solo el tiempo entiende. En uno de esos confines (entre el desierto, la brisa salina y el rumor de las olas) nace Surgencia, un documental que invita a mirar de frente la belleza y las cicatrices de Baja California. Una travesía que no solo recorre kilómetros, sino que nos enfrenta a la huella que dejamos sobre los paisajes que amamos.

Durante quince días, el vinicultor Hugo D’Acosta y el chef Benito Molina emprendieron un recorrido por la península de Baja California, desde el Valle de Guadalupe hasta San Ignacio. Lo que comenzó como un viaje entre amigos se transformó, bajo la mirada del director Alejandro Montalvo, en una carta de amor al territorio que los ha visto crecer, crear y cuestionar su lugar en el mundo. Fotos: Cortesía

Surgencia: una travesía con propósito

Surgencia no es una postal ni una exaltación turística de Baja California: es un recordatorio de lo que somos cuando dejamos que la naturaleza nos hable. A través de escenas íntimas —un pescador que lanza su red, una mesa improvisada frente al mar, un vino que se comparte al atardecer—, el documental revela la relación profunda entre el entorno y quienes lo habitan.

Montalvo captura la península con una sensibilidad casi contemplativa. En su lente, Baja California no es solo un destino: es un organismo vivo en constante transformación. D’Acosta y Molina encarnan la dualidad entre creación y conciencia. Él, desde la vid, explora el tiempo, la paciencia y el oficio de transformar la tierra. Él, desde la cocina, honra el mar y su fragilidad con cada plato. Juntos, emprendieron un viaje que los enfrentó a paisajes sublimes, pero también a las huellas que deja la explotación intensiva de los recursos naturales y la indiferencia humana.

“Un momento que sin duda me marcó fue Guerrero Negro. Estábamos en medio de ese témpano de sal interminable, con el mar a un lado y las dunas al otro. Por la noche, cuando regresábamos en lancha hacia el hotel, el agua se iluminaba con bioluminiscencia y el cielo se había llenado de estrellas. Era como si el mar y el firmamento se estuvieran comunicando entre ellos, sin necesidad de nosotros. Ahí entendí que todo está conectado, que la energía no es un concepto abstracto, sino algo que se siente físicamente en la piel. La península tiene eso: un vacío hermoso y vivo, un silencio que no asusta, sino que te revela lo pequeño que eres frente al tiempo y la naturaleza. Para mí, ese momento define Surgencia: el reconocimiento humilde de que somos pasajeros frente a una tierra que existía mucho antes de nosotros… y que seguirá aquí cuando ya no estemos”, asegura Montalvo.

Baja California a través de Surgencia, el reflejo de una península viva

A lo largo del camino, Surgencia nos lleva por comunidades que resisten, que viven de lo que la tierra y el mar ofrecen cada día. Lugares de Baja California como La Grulla, Eréndira, San Quintín o Guerrero Negro se revelan no como puntos en un mapa, sino como rostros, voces y memorias. Cada parada es un encuentro: con pescadores que conservan oficios ancestrales, con mujeres que cultivan y con paisajes que aún respiran libertad.

El documental se convierte así en un espejo: el de una Baja California que no todos conocen, la de los primeros pobladores, los viajeros, los que entienden que habitar implica cuidar. 

“A su lado entendí que el oficio —cualquiera que sea— solo tiene sentido cuando se hace con respeto. Que el vino y la cocina, como el cine, son formas de cuidar la memoria. Fue un viaje que empezó como una filmación y terminó siendo una conversación sobre el sentido de estar vivos, sobre el equilibrio entre celebrar y preservar”, dice Montalvo.

De la mesa al territorio

D’Acosta y Molina no viajan para enseñar, sino para escuchar. En su andar hay una búsqueda: reconectar con la esencia de los ingredientes, con los oficios que sostienen la vida cotidiana. Lo que en un inicio fue una expedición gastronómica se convirtió en un manifiesto sobre la conexión profunda entre lo que comemos, cómo vivimos y el cuidado del entorno que nos rodea.

Al final del recorrido, Surgencia despierta en el espectador una conexión profunda con el territorio. Mirar los paisajes de Baja California —sus costas, dunas y valles— invita a replantearnos nuestra responsabilidad como viajeros, comensales y habitantes del planeta.

“La belleza en Surgencia era un arma de doble filo. Filmamos paisajes tan desbordantes que era fácil caer en la postal, en el cliché del paraíso. Pero la Baja no es un escenario: es un cuerpo vivo, con cicatrices y silencios. Por eso, en lugar de buscar la toma “perfecta”, intenté filmar con humildad, dejando que la naturaleza se expresara sin manipularla. A veces la cámara temblaba, a veces el horizonte se quemaba de luz… y eso también era verdad. El equilibrio vino de aceptar la contradicción: mostrar la hermosura sin esconder la herida. El Valle, los mares, las salinas, los pueblos… todos están en un punto frágil entre la vida y la sobreexplotación. Mi trabajo fue observar sin maquillar, y dejar que el espectador sintiera esa tensión”, afirma el cineasta.

Una mirada a Baja California que trasciende la pantalla

La cinta, que formará parte de la categoría México Ópera Prima en el festival DOCSMX, que se llevará a cabo del 27 y 28 de octubre, llega como una invitación a detenernos, mirar y sentir. No busca respuestas, sino despertar conciencia.

“Pensamos que quienes viven en comunidades pequeñas carecen de recursos, cuando en realidad son los más ricos porque viven con lo esencial, sin tanto ruido ni ansiedad. Su riqueza está en el equilibrio con el entorno, en saber que la naturaleza les da lo que necesitan”.

Surgencia es, en el fondo, una conversación entre el hombre y su entorno. Una historia contada desde la tierra, el vino y el mar. Una oda a la península de Baja California y a quienes la habitan. Y, sobre todo, un recordatorio de que cada viaje, si se mira con los ojos bien abiertos, puede transformarse en un acto de amor hacia el planeta. ¿Quieres un adelanto de este documental? Aquí te dejamos el tráiler