Apoya la restauración de las chinampas en Xochimilco para revivir la biodiversidad y disfrutar experiencias únicas con productos orgánicos cultivados en humedales vivos. Fotos: Erick Pinedo
Los cimientos de la antigua ciudad
Las chinampas de Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta, en Ciudad de México, son una de las innovaciones agrícolas más notables de Mesoamérica. Estos islotes artificiales no solo sirvieron como huertos flotantes que sostuvieron a la antigua Tenochtitlan durante siglos, sino que aún mantienen uno de los ecosistemas más ricos y frágiles del Valle de México. Su rol entre humedales naturales permite la filtración de agua, la captura de carbono y el resguardo de especies únicas como el ajolote.


Sin embargo, la modernidad ha puesto en jaque este legado. Canales contaminados, especies invasoras como la tilapia, el abandono agrícola y la expansión urbana han reducido la productividad y biodiversidad de la zona chinampera. Por ello, desde hace dos años, la colaboración entre el Laboratorio de Restauración Ecológica de la UNAM y Conservación Internacional está escribiendo una nueva página para las chinampas.

Restauración de chinampas
El proyecto Chinampa-Refugio es una propuesta de restauración ecológica que parte del conocimiento ancestral chinampero y lo combina con ciencia actual. En lugar de intervenir con grandes infraestructuras, el modelo recupera la calidad del agua con plantas nativas, piedra volcánica y barreras naturales que bloquean el paso de especies invasoras.
Cada refugio es un espacio donde florece la biodiversidad: ajolotes, insectos, aves, peces nativos y hortalizas coexisten en equilibrio. “Primero se necesita la planta, sin ella no hay insectos ni alimento para el ajolote”, señala la doctora Esther Gutiérrez, directora del proyecto de conservación en las chinampas de Xochimilco.


Personas como don Miguel del Valle, chinampero de generaciones, explican cómo se cultiva sin agroquímicos, usando lodo del canal, composta orgánica y sombra natural. Estas técnicas, sumadas al uso de bombas para circulación del agua, devuelven productividad a la tierra y salud al humedal.
La Etiqueta Chinampera certifica este proceso, un sello que avala la calidad agroecológica de los productos y que, además, identifica si la chinampa es también hábitat restaurado para especies como el ajolote.
Comer para conservar, vivir y celebrar
Conservar las chinampas de Xochimilco también puede ser una celebración. En medio del espejo de agua y rodeados de flores, los visitantes pueden disfrutar experiencias gastronómicas en donde los ingredientes cultivados con métodos sostenibles se convierten en platillos inolvidables.


La chef y bióloga Nora Lorena Estrada González ofrece platillos como crema de calabaza recién cosechada, tortitas de amaranto con epazote y chile, ensalada con flores comestibles, aderezo de mango con menta y agua de cale con limón. “Lo que comen hoy es fruto de un sistema que busca permanecer vivo. Su sabor viene del suelo, del agua limpia y del trabajo colectivo”, dice Nora, mientras termina la ensalada en un entorno de paz, a pocos kilómetros de la caótica mancha urbana.

Las chinampas de Xochimilco se niegan a ser ruinas del pasado. Son una tecnología antigua pero viva, capaz de alimentar el futuro. Y su restauración es una oportunidad para reconectar con la tierra, el agua y nosotros mismos.
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