Pasear por un parque y hacer un pícnic, dormir en una cabaña rodeado de árboles, comer inmerso en el bosque, pasar unas vacaciones familiares en la selva con el sonido del río de fondo… Llevemos a nuestros niños a jugar, explorar y aprender en medio de la naturaleza para que sus mentes, cuerpos y almas se llenen de vitalidad, evitando el síndrome de déficit de naturaleza que conlleva diversos efectos negativos en su desarrollo. Fotos: Elsa Navarrete. 

 

Víctimas del síndrome de déficit de naturaleza

 

¿Cómo?, ¿existe un síndrome llamdo déficit de naturaleza? Sí, existe, y los papás —y más los que vivimos la ruidosa vida de la ciudad— deberíamos conocer este concepto que se ha empezado a estudiar recientemente.

El témino surgió en el libro titulado Last Children in the Woods de Richard Louv, en 2005, y hace referencia a los efectos negativos que la falta de contacto cotidiano con la naturaleza ejerce sobre los niños. Por el acelerado estilo de vida, inmersos en nuestras junglas de concreto y en la tecnología, los adultos y, por ende, los más pequeños del hogar pasan menos tiempo rodeados de los paisajes naturales.

 

Cambiemos la agenda infantil

 

síndrome de déficit de naturaleza

 

Sanemos nuestra relación con la naturaleza e incentivemos conscientemente la de nuestros hijos con la Madre Tierra. Más allá de los fines de semana en centros comerciales o en casa frente a la televisión, optemos por “baños de bosque”, esos paseos tranquilos y relajantes en bosques, parques, jardines o cualquier espacio con flora y fauna, para relajarnos, desconectarnos, estimular nuestra creatividad e inteligencia y dejarnos conmover por el misterio del paisaje.

El mundo natural es el entorno más rico en información, dando a nuestros pequeños una estimulación cognitiva constante. Recordemos que entre más tecnología, se necesita más naturaleza.

 

Efectos positivos

 

Los estudios relacionados con el síndrome de déficit de naturaleza —la mayoría hechos en Estados Unidos, Australia e Inglaterra—, demuestran que los niños que están familiarizados con el medio natural presentan menos estrés y tienen un mayor desarrollo de movimiento y de atención. Es de gran ayuda para desarrollar las capacidades de creatividad y la resolución de problemas, así como para los niños con trastornos de atención e hiperactividad y prevenir la obesidad, asma y miopía.

Además, la anhelada sustentabilidad solo puede entrar más en nuestras conciencias, si nos enfocamos en la renaturalización de la vida cotidiana. Se necesita vivir, tocar y oler la naturaleza, para conocerla, asimilarla y valorarla. No hay de otra para tener esa capacidad empática que tanto necesitamos.

 

síndrome de déficit de naturaleza

 

 

Sí, tiempo de no hacer nada

 

Aún soy de la generación que salía a jugar a la calle o al parque más cercano, pero ahora los niños no tienen esa oportunidad de jugar al aire libre de forma espontánea, debido, muchas de las veces, por temas de inseguridad. De acuerdo con un estudio publicado por la fundación británica National Trust, los niños de la actualidad juegan una media de cuatro horas a la semana, en comparación con las 8.2 horas semanales de sus padres cuando tenían su edad.

Ahora, todas sus actividades suelen estar programadas y sus espacios de encuentro pasaron a sitios cerrados y frente a las múltiples pantallas por horas. Y creo que nosotros, como papás, debemos arrojarlos a entornos naturales con más frecuencia para balancear esta forma de vida actual. Dejemos de glorificar eso de “andar en chinga” y elijamos tener tiempo para no hacer nada en contacto íntimo con la naturaleza junto a nuestros hijos.

 

Experiencias para evitar el síndrome de déficit de naturaleza

 

Llena a tus pequeños viajeros de esa sensación de paz y plenitud a través de estas experiencias que vivimos y te recomendamos como familia:

 

Restaurante: Santa Montaña Ajusco

 

Santa Montaña Ajusco

 

Respiramos aire puro en Santa Montaña Ajusco y también nos divertimos. Éste es un verdadero restaurante kid friendly: su zona de juegos al aire libre sorprende. Los niños jugaron en un avión real, brincaron en un trampolín, se desliazaron por la resbaladilla de un gran inflable y escalaron una pared. Pero eso no es todo, también cuentan con recorridos en un poni y una área cercada para niños pequeñitos (costo: $100 por hora) supervisados por una cuidadora.

La comida a la leña y a la parrilla —mis favoritos: el brócoli rostizado, los camarones zarandeados y las pizzas— es la combinación perfecta para el ambiente campirano, que se puede disfrutar en mesas tipo pícnic bajo una tienda de telas tensadas; desde donde se puede ver fácilmente a los peques. Para ellos, su versión de Cajita feliz es “la” opción. Cheque promedio: $500. IG: @santa_montana_ajusco

 

Destino: Jalcomulco

 

síndrome de déficit de naturaleza

 

El paisaje verde inundó nuestros sentidos. El poder de estar contemplando los árboles tropicales de Jalcomulco y escuchando el cauce del río Antigua hicieron que todos olvidáramos nuestras preocupaciones, evitando el síndrome de déficit de naturaleza.

Este destino de Veracruz es uno de los sitios por excelencia de México para practicar el descenso de río o «rafting», y hacer rapel y tirolesas en sus numerosas barrancas.

Además de darnos un verdadero festín de acamayas (camarón gigante de río) preparadas al mojo de ajo, hacer senderismo y nadar en la alberquita de nuestra casa por unos días rodeada de árboles, nos aventuramos a abordar una balsa inflable con todo y los niños pequeños, y descender el río. Nuestro guía solo surcó los rápidos de menor intensidad y mamá se bajó con ellos en la última parte del recorrido debido a que están fuertes. Así fue como adpatamos una actividad de aventura para hacerlo con ellos. Rafting: $600 por persona. armoniarafting.com IG: @_turismover

 

Hotel: Agua Morada Hotel & Campamentos

 

Síndrome de déficit de naturaleza

 

Siguiendo la tendencia de proximidad y viajes locales por carretera hacia la naturaleza, llegamos a Agua Morada, en Acaxochitlán Hidalgo, a dos horas de Ciudad de México. En una de estas cabañitas despertamos entre los árboles, con el canto de los pájaros y la bruma de la fresca mañana.

Son ideales para alejarse de todo y reconectarse con la naturaleza. Estas casitas del árbol son una alternativa ecológica de hospedaje, que también nos hicieron recordar nuestra infancia, impregnado la estancia de magia y fantasía. Costo: $1,900 por noche de viernes a domingo; hospedaje mínimo de dos noches. IG: @aguamorada

 

¿Listo para llenar de vitalidad a tus niños y evitar el síndrome de déficit de naturaleza?

 

También lee Lugares secretos para escaparse en familia. 

Elsa Navarrete

Elsa Navarrete

Mamá, gastrónoma, viajera, periodista, productora culinaria y coeditora de Food and Travel México. Con 10 años de experiencia, sus pasiones son documentar los viajes de la cocina y la cocina de los viajes, y hacer las maletas cada vez que puede con sus hijos, para disfrutar con ellos del planeta más hermoso del universo. Síguela en Instagram como: @letrasdesabores

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