Si crees que ya conoces Bellas Artes porque lo has visto cientos de veces, quizá te falta mirar un poco más de cerca. Detrás de su cúpula, sus mármoles y su inconfundible silueta hay una historia que comenzó mucho antes de que la CDMX lo convirtiera en uno de sus grandes símbolos. ¿Cómo llegó a ser el edificio que hoy conocemos? Acompáñanos a descubrirlo. Fotos: Adobe Stock y cortesía
Bellas Artes: los primeros años de un ícono de CDMX

Para entender la historia de Bellas Artes hay que regresar a principios del siglo XX, cuando se buscaba construir un nuevo Teatro Nacional que sustituyera al antiguo recinto que había sido uno de los grandes escenarios de la capital. En 1901 se decidió que el nuevo edificio estaría a un costado de la Alameda Central y el proyecto quedó en manos del arquitecto italiano Adamo Boari.
Las obras comenzaron en 1904 y el proyecto era ambicioso: no se trataba de levantar un teatro, sino de crear un edificio monumental que representara la modernidad de la Ciudad de México. Sin embargo, el terreno presentó dificultades y todo comenzó a complicarse. A esto se sumó el estallido de la Revolución Mexicana, que terminó por interrumpir los trabajos.
Boari regresó a Italia sin haber visto terminada su obra y durante varios años el edificio quedó inconcluso. Lo interesante es que aquello que hoy vemos en CDMX como una construcción perfectamente integrada no fue planeado de una sola vez. Bellas Artes se fue transformando conforme cambiaba el país, la época y las personas encargadas de terminarlo.
Un recorrido entre el Art Nouveau y el Art Déco

Cuando el proyecto finalmente volvió a ponerse en marcha, el arquitecto mexicano Federico E. Mariscal tomó la responsabilidad de concluirlo. Para entonces habían pasado casi tres décadas desde que Boari colocara las primeras piezas de aquella idea y el edificio necesitaba adaptarse a una nueva época.
Aquí está una de las claves para entender su apariencia: Bellas Artes combina dos lenguajes arquitectónicos. El exterior conserva la propuesta de Boari, relacionada con el Art Nouveau, mientras que en los interiores Mariscal incorporó elementos Art Déco. Por eso basta pasar de la fachada a sus salas para notar que el edificio cambia de personalidad.
Finalmente, el recinto quedó terminado en 1934 y fue inaugurado el 29 de septiembre de ese año, ya como Palacio de Bellas Artes. Es decir, entre el inicio de las obras y aquella inauguración transcurrieron 30 años. Así, este 2026 se cumplen 92 años desde que abrió oficialmente sus puertas.
Lo que debes mirar cuando visites Bellas Artes

La próxima vez que pases frente a Bellas Artes, detente un momento antes de tomar la foto. Su fachada de mármol de Carrara es uno de sus rasgos más reconocibles, pero los detalles más interesantes aparecen cuando entras al recinto y empiezas a mirar hacia arriba.
En la Sala Principal se encuentra el famoso telón de cristal, elaborado por la Casa Louis C. Tiffany en Nueva York, que representa el paisaje del Valle de México con el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl. La pieza, formada por cientos de miles de pequeños cristales y con un peso de alrededor de 22 toneladas, no fue creada únicamente para impresionar. También tenía una función práctica: servir como barrera contra incendios. Y justo sobre ella hay otro detalle que vale la pena descubrir: el plafón de cristal diseñado por Géza Maróti, donde Apolo aparece acompañado por las nueve musas.
Donde la arquitectura se encuentra con el arte

Desde su inauguración, Bellas Artes se convirtió en uno de los grandes escenarios culturales de CDMX y del país. En sus salas y escenarios se han presentado espectáculos de ópera, danza, música y teatro, además de importantes exposiciones que han reunido distintas expresiones artísticas.
Pero el arte no solo ocurre sobre el escenario. Sus muros también cuentan parte de la historia cultural de México a través de obras de Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo y Jorge González Camarena, entre otros grandes exponentes del muralismo.
Todo esto explica por qué su importancia va mucho más allá de su arquitectura. Bellas Artes forma parte de la Zona de Monumentos Históricos del Centro Histórico de CDMX, inscrita por la UNESCO como Patrimonio Mundial desde 1987, y está registrado por el INAH como monumento histórico.

Quizá esa sea la mejor forma de celebrar a Bellas Artes: volver a mirarlo con otros ojos. Detrás de su inconfundible fachada hay 30 años de historia, dos estilos arquitectónicos y un recinto que terminó convirtiéndose en uno de los grandes símbolos culturales de la CDMX y de México.
La próxima vez que pases por la Alameda, detente un momento: seguramente encontrarás un detalle que antes habías pasado por alto. Mientras tanto, aquí puedes consultar su cartelera cultural: palacio.inba.gob.mx
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