A 8,611 metros sobre el nivel del mar, el K2 es la segunda montaña más alta del planeta y durante décadas fue uno de los grandes retos pendientes del alpinismo: alcanzar su cumbre en invierno. El 16 de enero de 2021, 10 montañistas nepalíes lograron finalmente la primera ascensión invernal y llegaron juntos a la cima, marcando un episodio histórico. Pero aquella temporada estuvo lejos de ser solo una historia de triunfo. Expediciones distintas coincidieron en la montaña en medio de intereses comerciales, rivalidades y equipos de filmación tras la misma hazaña. Cinco personas murieron aquella temporada. Así inicia The Last First: Winter K2, el nuevo documental de Amir Bar-Lev, estrenado por Apple TV este mes de octubre.
The Last First: Winter K2 sigue al islandés John Snorri Sigurjónsson y a los pakistaníes Ali Sadpara y Sajid Sadpara, padre e hijo, durante la histórica expedición al K2. Alrededor de ellos aparecen expediciones comerciales, montañistas convertidos en influencers y el equipo nepalí que terminaría consiguiendo la primera cumbre invernal. Así, Amir Bar-Lev utiliza lo sucedido para diseccionar la cultura contemporánea del alpinismo extremo.
Conversamos con Amir Bar-Lev, también director de The Tillman Story, Happy Valley y Long Strange Trip, sobre qué encontró detrás de aquella tragedia, la transformación de la alta montaña y una pregunta: ¿por qué alguien lo arriesgaría todo para llegar a una cima?
La historia detrás de The Last First: Winter K2

Para Amir Bar-Lev, las muertes y acusaciones que siguieron a la temporada lo hicieron pensar inicialmente en otro género cinematográfico para The Last First: Winter K2. “Lo que me atrajo de esta historia fue algo que casi podrías llamar un caso forense alpino. Bueno, no un misterio de asesinato; digamos que una historia de true crime alpino”, explica.
Después de las cinco muertes ocurridas aquella temporada, comenzaron a circular acusaciones dentro de la comunidad del montañismo. Sin embargo, cuanto más investigaba, menos convincente encontraba la idea de responsabilizar a una sola persona o fenómeno. “Descubrí que la mayoría de las acusaciones sobre malas conductas eran muy específicas y menos convincentes que la idea de que mucho de lo que salió mal en el K2 ese invierno era sintomático de cosas de las que todos formamos parte”, señala.
Esa reflexión terminó convirtiendo a la expedición en algo más que una película de aventura; un escenario extremo en el que comportamientos reconocibles a nivel del mar se amplifican cuando cualquier error puede ser irreversible.
Redes sociales y alta montaña
Para el director, la falta de respuestas sencillas se convirtió en uno de los aspectos que más disfrutó durante los tres años de realización. “Cada vez que llegas a una causa para explicar la tragedia, encuentras un contraargumento que dice que esa no fue la causa, que fue otra —dice—. Pero las redes sociales sí que han tenido un efecto negativo en la toma de decisiones de la gente en las montañas”.
Amir Bar-Lev menciona la llamada summit fever, esa la obsesión por alcanzar la cumbre pese a las señales de peligro, así como intereses económicos y una competencia agresiva entre algunos participantes. “Había fiebre de cumbre por parte de algunos montañistas. Había codicia por parte de algunas de las expediciones comerciales […] y había competencia”.
El documental sitúa esas tensiones dentro de un cambio más profundo en el alpinismo: una montaña compartida por clientes, influencers con equipos de filmación y un grupo nepalí decidido a dejar de ocupar el papel de apoyo a expedicionarios occidentales.

Tras observar la historia
Detrás de la competencia internacional había también historias íntimas. “Las historias de montañismo siempre son sobre relaciones, porque tienes que cooperar cuando estás en lugares tan inhóspitos”, dice Amir Bar-Lev. Aquí, la amistad entre John Snorri y Ali Sadpara, así como la relación entre Ali y su hijo Sajid, terminó por articular el documental.
“Si Ali tenía éxito como una estrella del alpinismo pakistaní, haciendo lo que los sherpas han hecho por Nepal, podía cambiar la vida de muchas personas que viven en una pobreza profunda llevando turismo hasta allí”, explica Amir Bar-Lev.
Tras sobrevivir a aquella expedición al K2, Sajid debió enfrentarse no solo a la pérdida de su padre, sino también al peso de continuar con la herencia familiar del montañismo. “Está pensando profundamente qué hacer con el resto de su vida […]. Ha visto de primera mano lo que es el montañismo, y para él es una mezcla compleja de emociones”, comenta el director.
Contar una tragedia sin buscar a un culpable
En lugar de apuntar a un villano definido, The Last First: Winter K2 convierte la montaña en una especie de laboratorio del comportamiento humano. “El K2 en invierno es un paisaje tan extraño como la Luna, pero poblado por humanos que llevan consigo sus debilidades —explica—. Se podría pensar como ciencia ficción. Ocurre en un lugar de otro mundo, pero con problemas muy de este mundo”.
“Esta es, probablemente, la historia más complicada que he intentado contar —asegura Amir Bar-Lev—. Alguien puede señalar a otro y, entonces, te das cuenta de que quizá la responsabilidad también recae sobre quien acusa. Alguien puede darte una respuesta sencilla y después descubres que detrás había intereses particulares”.
Es allí donde The Last First: Winter K2 se aleja del documental convencional de alta montaña. El peligro físico permanece, pero la pregunta ya no es quién llegará a la cima, sino qué sucede cuando el prestigio, el dinero, la identidad nacional y la supervivencia comparten la misma cuerda.

¿Por qué alguien acepta riesgos tan extremos?
Las personas que murieron durante ese invierno del 2021 en el K2 dejaron, según recuerda el director, alrededor de 13 hijos. “No puedes evitar verlo como una tragedia”, afirma.
Pero el documental de The Last First: Winter K2 también lo llevó a pensar que la atracción por el riesgo no pertenece solo al montañismo. “Conforme la vida se vuelve más fácil para algunas personas, van a buscar oportunidades para ponerse a prueba frente a la muerte —reflexiona—. Y eso no se limita al montañismo. Puede ser bajar al fondo del océano en un sumergible, conducir muy rápido una motocicleta o incluso consumir heroína”.
En manos de Amir Bar-Lev, esta expedición al K2 se convierte en un relato sobre la transformación de la alta montaña, pero también sobre quién recibe el crédito, quién asume los mayores riesgos, cuánto estamos dispuestos a sacrificar para ser los primeros y qué ocurre cuando la necesidad de demostrar algo —ante los demás o ante nosotros mismos— llega hasta donde equivocarse puede significar el fin.
¿Este relato te atrapó? Entonces tienes que ver The Last First: Winter K2, disponible por Apple TV.
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