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Niños a bordo

Descubran este poblado de Guerrero a través de una mirada familiar: una escapada llena de vistas panorámicas, historia, artesanía y rincones imperdibles para disfrutar con los más pequeños.

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Un viaje a Taxco con niños: entre callejones, plata y pozas escondidas

A veces no hace falta ir tan lejos para sorprenderse; todo depende de la mirada y de la intención con la que se viaja. Rompiendo con el mito de que los viajes de playa son la única opción para los más pequeños de la casa, los destinos coloniales guardan sorpresas fascinantes a corta distancia. Eso fue precisamente lo que nos pasó este verano, cuando hicimos un viaje a Taxco y lo elegimos como nuestro refugio para estas vacaciones de 2026. Fotos: Elsa Navarrete

Un viaje a Taxco con niños para recordar

 

Ubicado a solo tres horas de la Ciudad de México, este poblado guerrerense nos recibió con sus empinadas calles empedradas, su arquitectura virreinal, sus casitas blancas coronadas con tejas rojas y su inconfundible tradición platera. Pero fue el imponente Templo de Santa Prisca, con sus retablos dorados y su imponente fachada churrigueresca, el que nos dejó boquiabiertos. Taxco es un auténtico Pueblo Mágico que, visto desde los ojos de los niños, se convierte en un laberinto de cuento.

Pueblear con los más pequeños también funciona, siempre y cuando se sepa cómo hacerlo accesible y estimulante para ellos. Lo más recomendable es tomar un recorrido guiado por el centro histórico y los talleres tradicionales de platería, donde grandes y chicos aprenden sobre el origen del Pueblo Mágico de Taxco y del trabajo artesanal de la plata sin aburrirse ni un segundo.

Y como toda buena exploración merece una recompensa, nada mejor que cerrar la caminata matutina con un tradicional pozole.

viaje a Taxco con niños

En la Plaza Borda nos tomamos un respiro: nos detuvimos a probar una nieve mientras admirábamos la belleza barroca del Templo de Santa Prisca, una joya del siglo XVIII de cantera rosa. Sentados en una banca de hierro forjado, bajo el colorido de los banderines que ondeaban sobre nosotros, disfrutamos de la tranquilidad de una típica plaza mexicana en este viaje a Taxco con niños.

Dónde hospedarse y qué comer

Para que este viaje a Taxco con niños fuera plenamente cómodo y familiar, nos hospedamos en Monte Taxco, un hotel enclavado en la montaña que se convirtió en nuestro pequeño oasis. Dedicamos un día entero a solo disfrutar de sus instalaciones —que incluyen alberca climatizada, áreas de entretenimiento y su propio teleférico—. Pero, sin duda, lo que más nos cautivó fueron las impresionantes vistas panorámicas de Taxco, enmarcada bellamente entre las laderas verdes de la sierra de Guerrero.

Para complementar el viaje, las opciones culinarias son de lo más reconfortantes: les sugerimos desayunar en La Hacienda —donde son imperdibles el chocolate de molinillo y los huevos estrellados sobre hoja santa y tortilla de maíz con salsa martajada, frijoles de olla y queso canasto—, comer en la pozolería tradicional Tía Calla y disfrutar de un excelente café de especialidad en Nueve 25. Además, la agenda cultural reserva un momento mágico: no se pueden perder el video mapping proyectado sobre la fachada del Templo de Santa Prisca los viernes, sábados y domingos a las 21:00 horas.

Las Pozas Azules de Atzala: un tesoro natural

 

A solo 45 minutos del centro de Taxco, escondidas entre las frondosas montañas de Guerrero, se encuentran Las Pozas Azules. Este paraíso natural, custodiado por la comunidad de Atzala, ofrece pozas de aguas cristalinas rodeadas de vegetación exuberante donde los niños pueden conectar con la naturaleza. Créannos: es un escenario aún más deslumbrante en persona que en las fotografías.

Llegamos a primera hora —a las 9:00 de la mañana— y desayunamos ahí mismo: unas ricas quesadillas acompañadas de café de olla, al pie de una poza. Fue la mejor decisión, pues fuimos los primeros en llegar y pudimos disfrutar de toda esa belleza natural con absoluta calma y sin prisas. A la orilla de estos bellos cuerpos de agua hay palapas donde sirven comida, snacks y bebidas, aunque también se vale llevar tu propia hielera para armar un buen pícnic. Es el lugar perfecto para complementar este viaje a Taxco con niños.

viaje a Taxco con niños Pozas

Las Pozas Azules están abiertas los 365 días del año, pero si quieren ver el agua cristalina en su máximo esplendor turquesa, los mejores meses para visitarlas son de enero a julio y de octubre a diciembre. El agua siempre está fría, eso sí, pero es completamente soportable; de hecho, tras unos minutos de inmersión, el cuerpo se adapta y ya no querrán salirse.

Los Manantiales: un balneario a la orilla del río Amacuzac

 

De camino o de regreso de un viaje a Taxco —o incluso como una escapada independiente de fin de semana—, vale la pena hacer una parada estratégica en Los Manantiales. Siguiendo la atinada recomendación de Ana María F., de Travel Mexico with Kids, descubrimos este balneario natural ubicado a unos 20 minutos de Tequesquitengo y a hora y media de la Ciudad de México

El sitio conserva esa vibra de balneario familiar tradicional, pero lo que realmente enamora son sus pozas y sus pequeñas cascadas, ubicadas justo a la orilla del río Amacuzac. Se siente como un hermoso paraíso donde los niños disfrutan echándose clavados sin parar y se divierten con las caídas de agua.

Además, el espacio está equipado con asadores, zona de campamento, palapas y vestidores, por lo que pueden llegar con su hielera bien abastecida para pasar el día completo.

Conclusiones de ruta

 

Taxco, Las Pozas Azules y Los Manantiales fueron el combo ganador de este viaje con niños. Regresamos a casa con recuerdos imborrables: las risas de los pequeños flotando en el agua, pozas y cascadas idílicas, el brillo de la plata bajo el sol, el reconfortante sabor de un buen pozole y la paz inmensa de las montañas.

Y si el tiempo lo permite y buscan redondear la ruta, un desvío obligado —aunque en esta ocasión no pudimos visitarlas— son las Grutas de Cacahuamilpa, unas de las cuevas más grandes del mundo. Sus recorridos guiados permiten admirar las formas caprichosas de las estalactitas y estalagmitas, una aventura subterránea para despertar la imaginación de los niños y conectar con la historia geológica de México.