¿Las papas fritas, las galletas y los refrescos son los únicos alimentos que entran en la categoría de comida chatarra? Desde que se prohibió su venta en las escuelas de México, seguramente has escuchado hablar más del tema. Pero ¿qué hace que un producto se considere así y qué hay detrás de esta medida? Te contamos lo que debes saber para entenderla y tomar decisiones más informadas al respecto. Fotos: Adobe Stock
¿Qué es realmente la comida «chatarra»?

Cuando pensamos en comida chatarra, probablemente imaginamos una bolsa de papas fritas, un refresco o unas galletas para matar el antojo. Pero ¿sabías que no todo lo que viene empaquetado entra automáticamente en esta categoría? La clave está en su composición y en la cantidad de nutrientes que aporta.
Muchos de estos productos contienen cantidades elevadas de azúcares, sodio o grasas poco saludables, y consumirlos con frecuencia puede desplazar alimentos más nutritivos. Eso no significa que todo alimento procesado sea una mala elección: congelar verduras, pasteurizar leche o envasar ciertos productos también son formas de procesamiento.
Entonces, ¿cómo distinguirlos al hacer las compras? Una buena pista está en el etiquetado frontal. Los sellos negros advierten sobre excesos de calorías, azúcares, grasas saturadas, grasas trans o sodio, según los criterios establecidos en México. Revisarlos ayuda a comparar productos y entender mejor qué estamos llevando a casa.
La medida sobre la comida chatarra en escuelas de México

Identificar los productos con excesos nutrimentales también ayuda a entender la medida que entró en vigor en las escuelas mexicanas. Los lineamientos que regulan la preparación, distribución y venta de alimentos y bebidas en los planteles se publicaron el 30 de septiembre de 2024 y comenzaron a aplicarse el 29 de marzo de 2025. A partir de esa fecha, las escuelas deben seguir criterios nutrimentales para determinar qué alimentos y bebidas pueden ofrecer a sus estudiantes.
En pocas palabras, no se pueden vender ni promocionar dentro de las escuelas los productos que incumplan esos criterios. Esto incluye determinados alimentos y bebidas procesados, así como productos vendidos a granel. La medida también busca dar mayor espacio al agua simple potable y a opciones de alimentación más saludables.
¿Y cómo se aplica? La regulación restringe la venta y promoción de los productos considerados como comida chatarra. No solo para preescolares, primarias y secundarias: también incluye preparatorias y universidades. De hecho, en octubre de 2026, la Suprema Corte de Justicia de la Nación confirmó la legalidad de los lineamientos, que ya estaban vigentes desde marzo de 2025, tras resolver de manera unánime tres amparos impulsados por corporaciones alimentarias y proveedores que buscaban frenar la regulación.
¿Por qué importa lo que comen niñas, niños y jóvenes?

Piensa en todo lo que ocurre durante un día de clases: aprender, jugar, hacer deporte y convivir. Para afrontar esas actividades, niñas, niños y jóvenes necesitan una alimentación que les aporte energía y nutrientes. Por eso, lo que encuentran en la cooperativa escolar también forma parte de la conversación sobre salud.
La Organización Mundial de la Salud recomienda limitar el consumo excesivo de azúcares libres, sodio y grasas poco saludables, pues mantener estos hábitos puede aumentar el riesgo de problemas como caries y enfermedades cardiovasculares. No se trata de señalar un alimento como el culpable de todo, sino de entender qué sucede cuando ciertos productos ocupan demasiado espacio en la alimentación cotidiana.
Y aquí entra algo que va más allá de las escuelas: los hábitos se construyen en casa. La disponibilidad de alimentos, las costumbres familiares y las opciones que ofrecemos día a día influyen en lo que niñas y niños aprenden a elegir.
¿Cómo hacer elecciones más saludables sin complicarnos?

Comer mejor no significa renunciar a todo lo que nos gusta ni convertir cada visita al supermercado en un examen de nutrición. Podemos empezar con decisiones sencillas: revisar los sellos de los productos, comparar opciones y procurar que haya variedad en nuestras comidas.
Para preparar el lunch, por ejemplo, puedes alternar fruta fresca, verduras, sándwiches con ingredientes variados u otras preparaciones caseras, de acuerdo con las necesidades de cada persona. También ayuda tener agua simple a la mano y permitir que niñas y niños participen en la elección de algunos alimentos.
Al final, la comida chatarra es solo una parte de una conversación más amplia sobre cómo comemos. Entender las etiquetas y hacer pequeños cambios puede ayudarnos a elegir mejor.
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