¿Ciudad, selva o playa? Todo esto y más puedes encontrar en un viaje a Malasia

¿Ciudad, selva o playa? Todo esto y más puedes encontrar en un viaje a Malasia

¿Te imaginas pasar de rascacielos futuristas a una selva milenaria y, después, terminar frente a un mar de aguas transparentes sin cambiar de país? Eso es un viaje a Malasia. Un destino donde distintas culturas, sabores y tradiciones se cruzan de formas inesperadas, creando un viaje en el que siempre hay algo nuevo por descubrir. Fotos: cortesía

El lado más moderno de un viaje a Malasia

Kuala Lumpur.

Para entender la diversidad de Malasia, basta con comenzar en Kuala Lumpur. La capital tiene esa energía de las grandes ciudades asiáticas, con edificios que dominan el horizonte, centros comerciales, mercados y una escena gastronómica que refleja la mezcla cultural del país.

En medio de todo esto aparecen las Torres Petronas, uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad. Sus dos torres están unidas por un puente situado a 170 metros de altura, desde donde se puede contemplar Kuala Lumpur desde arriba. Pero lo interesante es que no hace falta alejarse demasiado para encontrarse con una realidad completamente distinta.

Un santuario escondido entre montañas

Cuevas de Batu.

A unos kilómetros de la capital aparecen las Cuevas de Batu, un enorme santuario hindú construido entre formaciones de piedra caliza. Antes de entrar a las cuevas hay que enfrentarse a 272 escalones de colores, custodiados por una monumental estatua dorada del dios Murugan.

Más allá de lo instagrameable del paisaje,  las Cuevas de Batu son un importante sitio de peregrinación para la comunidad hindú y uno de los mejores ejemplos de cómo las diferentes tradiciones religiosas forman parte de la vida cotidiana. Es uno de esos contrastes que empiezan a explicar qué hace tan particular a Malasia: una ciudad completamente contemporánea puede estar a pocos minutos de un espacio religioso con una historia y una identidad diferentes.

Ahora sí: toca internarse en la selva

Si Kuala Lumpur muestra el lado urbano de Malasia, Taman Negara lleva el viaje al extremo contrario. Este parque nacional protege una de las selvas tropicales más antiguas del planeta y es uno de los lugares para acercarse a la naturaleza en un viaje a este país. 

Aquí el plan cambia por completo. Hay senderos entre la vegetación, recorridos por el río y caminatas nocturnas para descubrir qué ocurre en el bosque cuando cae el sol. Es entonces cuando aparecen otros sonidos, movimientos y especies que durante el día permanecen escondidos. Así, Malasia cambia por completo de ritmo y deja ver su lado más salvaje.

Borneo, territorio de orangutanes

Parque Nacional Bako.

La aventura puede continuar en Borneo, donde se encuentra una de las regiones naturales más fascinantes del país. En el Santuario de Sepilok, en Sabah, los orangutanes son los protagonistas. El centro se dedica a su conservación y rehabilitación, y permite observarlos en un entorno rodeado de selva.

En Sarawak, el Parque Nacional Bako ofrece otro encuentro con la fauna de la región. Además de sus bosques, formaciones rocosas y paisajes costeros, es conocido por los monos narigudos, una especie endémica de Borneo que destaca por su particular aspecto. Después de conocer esta parte del país, resulta difícil seguir pensando en Malasia únicamente como un destino de viaje con grandes ciudades.

Aquí empieza el modo playa

Y entonces llega el momento de cambiar la selva por el agua. Las Islas Perhentian, frente a la costa noreste de la península, tienen playas de arena blanca y aguas transparentes que invitan a pasar el día dentro del mar.

El esnórquel y el buceo son parte del encanto de las islas, pero incluso con unos googles puedes asomarte bajo la superficie y descubrir los peces y la vida marina que habitan estas aguas cristalinas. Después de tantos contrastes, este rincón de Malasia ofrece una pausa frente al mar antes de continuar explorando en el viaje.

En George Town, la comida manda

George Town.

En Penang, el viaje toma otro rumbo. George Town es de esos lugares donde basta con perderse un poco entre sus calles para encontrarse con casas coloniales, arte urbano y, sobre todo, muy buena comida. Y es justo en la mesa donde mejor se entiende la mezcla cultural de Malasia. En mercados, puestos callejeros y restaurantes conviven influencias malayas, chinas e indias, dando lugar a una escena gastronómica que convirtió a George Town en uno de los grandes destinos gastronómicos del país.

Aquí vale la pena dejar espacio para la improvisación: caminar sin un plan demasiado armado, detenerse donde algo huela bien y probar aquello que llame la atención. En George Town, la comida también funciona como una manera de entender el lugar.

Melaka, un cruce de culturas

Melaka.

El siguiente cambio de escenario llega en Melaka, una ciudad cuyo centro histórico fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Su arquitectura y sus calles cuentan la historia de los distintos pueblos y potencias que pasaron por aquí, desde los portugueses hasta los neerlandeses y británicos.

Pero quizá uno de sus mayores atractivos está en algo mucho más cotidiano: la convivencia de distintas religiones en un mismo espacio urbano. Iglesias, mezquitas y templos aparecen relativamente cerca unos de otros, creando un paisaje que refleja la diversidad que ha marcado la historia de la ciudad. Después de recorrerla, es más fácil entender que la mezcla cultural de Malasia no es una tendencia reciente, sino parte de su propia historia.

Dos fechas para tener en el radar

 

La diversidad del país tiene sus propios momentos de celebración. El 31 de agosto, Malasia conmemora su Día de la Independencia, conocido como Merdeka, mientras que el 16 de septiembre se celebra Hari Malaysia, el Día de Malasia. Ambas fechas están acompañadas por desfiles, actividades y fuegos artificiales, y son una oportunidad para ver cómo la identidad nacional se expresa en las calles.

Más allá de las grandes celebraciones, el calendario de Malasia está lleno de festividades vinculadas con las distintas comunidades que forman parte del país. Es otra forma de descubrir esa mezcla que aparece una y otra vez durante el viaje.

Malasia, una mezcla de culturas.

Malasia no tiene una sola cara ni responde a una única idea de viaje, y quizá esa sea la mejor forma de entender el destino. Puede ser una escapada urbana entre rascacielos, una expedición por la selva, una ruta gastronómica por Penang o unos días frente al mar. Y justo cuando crees que ya entendiste el paisaje, aparece algo diferente: un templo, un platillo, una especie que nunca habías visto o una ciudad que cuenta una historia completamente distinta. Su encanto está en la posibilidad de cambiar de escenario una y otra vez sin dejar de estar en el mismo país.

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