Del 25 de octubre al 2 de noviembre, Mérida vivirá una fiesta entre colores, sabores e historia en la festividad del Janal Pixán, una forma de honrar a los que ya no están físicamente, pero siguen en nuestra memoria. Fotos: Cortesía
Janal Pixán, un nuevo motivo para viajar a Mérida
Cada otoño, la vida y la muerte guardan una cita impostergable en Yucatán durante el Janal Pixán, que en lengua maya significa «comida de las ánimas». Esta fiesta es un puente entre los vivos y quienes partieron, para celebrar su recuerdo a través de los sabores, los altares y la convivencia de las familias y comunidades yucatecas. Los últimos días de octubre y los primeros de noviembre, el estado, y en específico Mérida, se transforman en un gran escenario que refleja la riqueza cultural de su pasado y su presente. Las calles, plazas, comisarías y rincones históricos se llenan de flores, velas y aromas que recuerdan que la tradición sigue viva.
El Festival de las Ánimas: un encuentro lleno de color
Todo empieza en la capital yucateca con el Festival de las Ánimas, un encuentro cultural organizado por el ayuntamiento que reúne a locales y visitantes. Este año 2025, la cita será del 25 de octubre al 2 de noviembre, cuando la ciudad vivirá un mosaico de actividades para toda la familia: desfiles, recorridos de altares, muestras gastronómicas, conciertos, teatro regional y el esperado Paseo de las Ánimas, la fiesta donde miles de personas, caracterizadas de ánimas, caminan desde el Cementerio General hasta el barrio de San Juan en un trayecto lleno de simbolismo y respeto.


En paralelo, los visitantes podrán disfrutar de concursos de altares, exposiciones fotográficas, recorridos nocturnos en panteones, representaciones teatrales y espectáculos de música tradicional. Además, la mesa estará también de fiesta con los platillos típicos de la temporada en distintos puntos de la ciudad, desde los mercados populares hasta restaurantes de alta cocina.
El corazón del Janal Pixán
La celebración no se limita al centro histórico. Las autoridades estatales y municipales invitan a descubrir cómo en las comisarías y subcomisarías también se viven intensamente estas fechas. Vecinos organizan altares colectivos y eventos comunitarios que muestran el profundo vínculo de las familias yucatecas con sus ancestros. En esta cita, el altar del Janal Pixán es el corazón de la tradición. En él, cada elemento tiene un significado: las velas iluminan el camino de las almas; las flores de xpujuc perfuman el ambiente y guían a los difuntos con su color vibrante; las fotografías evocan la memoria, y el humo de copal purifica el espacio.



En la comida del Janal Pixán, los recuerdos cobran vida. El altar es también una ofrenda donde se colocan los platillos favoritos de los difuntos, junto con bebidas tradicionales como el atole nuevo o el balché. Este festín cargado de simbolismo demuestra que en Yucatán la gastronomía es también memoria. El platillo más emblemático de esta temporada es el pib o mucbipollo, una especie de tamal gigante elaborado con masa de maíz y relleno de pollo, cerdo, tomate y especias, envuelto en hoja de plátano y cocido bajo tierra en un horno de leña o pib.
Su preparación es un ritual familiar: mientras los adultos amasan, rellenan y arman el pib, los niños ayudan a envolver las hojas y a encender el horno, lo que convierte a esta receta en un vínculo intergeneracional.

Otros sabores de esta festividad incluyen el atole nuevo, que se prepara con maíz recién cosechado; los dulces típicos como el mazapán de pepita, las calabazas en dulce y el tan esperado xec, una ensalada fresca de naranja agria, jícama, mandarina y chile molido. Cada bocado es un recordatorio de la riqueza culinaria del estado y del valor de transmitir las recetas de generación en generación.
En el Janal Pixán, la cocina yucateca no solo alimenta, sino que también narra historias, conecta a las personas con sus raíces y celebra la vida misma; de ahí que desde 2019, Mérida haya sido reconocida por la UNESCO como Ciudad Creativa en el rubro de Gastronomía.

Además, es un ejemplo de cómo la tradición puede ser compartida con el mundo sin perder su autenticidad. Participar en Janal Pixán es adentrarse en el corazón de la identidad yucateca. Es entender que la comida es memoria, que los altares son puentes y que la tradición sigue viva porque se renueva año con año, transmitiéndose de generación en generación.
Una celebración que trasciende el tiempo: así es el Janal Pixán
El Janal Pixán invita a todos a detenerse y recordar. A compartir la mesa no solo con los vivos, sino también con quienes nos acompañan desde otro plano. Es una celebración que une, da sentido y reafirma que Mérida no solo es un destino cultural y gastronómico, sino un lugar donde las tradiciones se sienten y se saborean. Así, entre altares cubiertos de flores, el aroma del pib recién encendido y el murmullo de las calles iluminadas por velas, Mérida confirma que la vida y la muerte no están separadas, sino que conviven en un mismo espacio: el de la memoria y el corazón. Conoce más en visitmerida.mx

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