Cuando la primavera pinta de lila avenidas enteras en la Ciudad de México, surge una pregunta inevitable: ¿cómo llegaron estos árboles a formar parte del paisaje urbano? El origen de las jacarandas no solo tiene que ver con botánica, sino con historia, migración y decisiones que transformaron la identidad visual de la capital. Detrás de su belleza efímera hay un relato que conecta continentes y épocas. Descúbrelo aquí. Fotos: Adobe Stock

El origen de las jacarandas

Con una historia que cruza continentes, el origen de las jacarandas se encuentra en Sudamérica, principalmente en regiones de Brasil, Argentina y Bolivia. Su nombre científico, Jacaranda mimosifolia, pertenece a una especie que prospera en climas cálidos y templados.
A diferencia de lo que muchos creen, no son árboles nativos de México. Su llegada fue resultado de un proceso de introducción ornamental durante el siglo XX, cuando distintas ciudades del mundo comenzaron a apostar por especies vistosas para embellecer sus calles.
El personaje clave: un jardinero japonés
Para entender el origen de las jacarandas en la Ciudad de México, es imprescindible mencionar a Tatsugoro Matsumoto. Fue un paisajista japonés que llegó al país a finales del siglo XIX y se convirtió en una figura clave en el diseño de jardines y espacios verdes durante el Porfiriato y años posteriores. Su trabajo no solo se limitó a residencias privadas, también participó en proyectos públicos que buscaban modernizar la imagen urbana de la capital.
A inicios del siglo XX, el gobierno mexicano buscaba incorporar árboles ornamentales que aportaran identidad a la ciudad y que, además, florecieran en primavera. Aunque en un inicio se pensó en los cerezos japoneses —símbolo de Japón—, las condiciones climáticas y de altitud de la capital no eran las más adecuadas para su desarrollo.
Fue entonces cuando Matsumoto propuso una alternativa: las jacarandas, una especie que conocía bien y que tenía mayores probabilidades de adaptarse al entorno de la ciudad. Su recomendación resultó acertada. Durante el gobierno de Pascual Ortiz Rubio, se impulsó su plantación en distintas avenidas y espacios públicos, marcando el inicio de su expansión en la capital.


¿Por qué florecen tan bien en la CDMX?
Parte del encanto detrás del origen de las jacarandas también está en su adaptación. La altitud, el clima templado y los suelos de la ciudad resultaron ideales para su desarrollo.
Las jacarandas florecen entre marzo y abril, antes de que aparezca el follaje, creando un paisaje donde las flores dominan por completo la escena. Este fenómeno no solo embellece la Ciudad de México, también marca simbólicamente la llegada de la primavera.
Con el paso del tiempo, el origen de las jacarandas dejó de ser un dato curioso para convertirse en parte de la identidad chilanga. Hoy, son protagonistas de postales, rutas fotográficas y recorridos urbanos que celebran la temporada. Zonas como la Roma, Condesa o Ciudad Universitaria se transforman en escenarios donde locales y viajeros redescubren la ciudad desde una perspectiva más pausada y sensorial.
El origen de las jacarandas en México es un recordatorio de cómo la naturaleza y la historia pueden entrelazarse para crear identidad. Lo que comenzó como una decisión estética terminó por convertirse en uno de los espectáculos más esperados del año.
Cada primavera, sus flores invitan a mirar la ciudad con nuevos ojos, a detenerse en lo cotidiano y a reconectar con el entorno. Si quieres disfrutar de ese paisaje mientras comes delicioso, revisa: 5 restaurantes para ver jacarandas en la Ciudad de México


