La montaña sagrada de Koyasan ha sido durante más de mil años refugio espiritual para monjes, peregrinos y viajeros en busca de silencio y trascendencia. Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y corazón del budismo Shingon, aquí se vive una estadía entre meditaciones, pasos lentos sobre el tatami y el eco de los cantos al amanecer. Disfruta de la tradición japonesa como nosotros lo hicimos. Fotos: Elsa Navarrete, Unsplash y Adobe Stock
Kōyasan, la montaña sagrada de Japón

Luego de dos horas en tren desde Osaka (línea Nankai Koya), cinco minutos en teleférico y 10 minutos en autobús desde la estación superior hasta el centro, se llega a Koyasan (o Monte Koya). Su imponente Puerta Daimon, con más de 25 metros de altura, te recibirá en este viaje memorable a Japón. Esa es la entrada tradicional a esta montaña sagrada, ubicada en la prefectura de Wakayama, donde la naturaleza y la espiritualidad se han entrelazado durante más de mil años para crear un paisaje cultural único.
En 2004, la UNESCO lo reconoció como Patrimonio de la Humanidad. Pero para los budistas de la escuela Shingon, es mucho más: es la sede de su tradición, el lugar donde su fundador, Kōbō Daishi (Kūkai) estableció su centro espiritual en el siglo IX. Fue en el año 819 cuando este monje se estableció en estos bosques para meditar, y así se originó esta escuela de budismo esotérico japonés. Sus rituales se centran en el uso de mantras, mudras y meditaciones para alcanzar la iluminación.
Enclave espiritual
Hoy, la montaña de Koyasan alberga 117 templos. Un número que impresiona pero que aún así no te prepara para lo que sientes al llegar. Sin caer en clichés, hay una atmósfera que no se vive en ningún otro lugar. El aire es más ligero, el ambiente más místico, los sonidos más prístinos, el tiempo es más lento y no hay prisa; todo dentro de una densa naturaleza.
La montaña de Koyasan es un sitio consagrado para la contemplación. Su corazón es el templo Kongōbu-ji, el principal de la escuela budista Shingon. Originalmente fue construido por Toyotomi Hideyoshi en honor a su madre. Con el tiempo, se fusionó con otro templo y adoptó su nombre actual. Quítate los zapatos y deambula por las salas que se adornan con fusumas: puertas corredizas pintadas con pinos y grullas, auténticas obras de arte.
Otro atractivo es la gran pagoda Kompon Daito, edificio principal del complejo de templos Danjo Garan. Sus 49 metros de altura y su llamativo color naranja dominan la explanada, mientras que en el interior hay cinco enormes estatuas de Buda y pilares bellamente adormados que representan el despertar espiritual del budismo.

Alojarse en un shukubo

En este viaje a Japón, la forma de vivir la espiritualidad no solo consiste en visitar templos, sino en hospedarse en uno. Resulta inevitable imaginar el alivio y la calidez que debieron sentir aquellos antiguos caminantes que, tras jornadas agotadoras por la ruta de peregrinación de Kumano, divisaban por fin en la distancia el tenue resplandor de los faroles de Koyasan. Era la señal de que el refugio estaba cerca. Esa luz provenía de los shukubo, hospedajes monásticos diseñados para brindar descanso a los viajeros exhaustos.
Lejos de haber desaparecido con el paso del tiempo, hoy estos alojamientos siguen operando con el mismo espíritu hospitalario, aunque sus huéspedes ya no lleguen a pie, sino en tren.
Unos 56 monasterios tienen hoy shukubo y son una oportunidad única de compartir la vida de los monjes en Monte Koya. Kōyasan Rengejo-in es uno de ellos. Fundado a principios del periodo Kamakura (1190-1199), ofrece a los visitantes la posibilidad de alojarse en habitaciones que miran a jardines secos (karesansui), creados con rocas y arena. Esta experiencia no se limita a la hospitalidad: es una puerta de entrada a la vida monástica. La tarde comienza con una meditación en total silencio. Son las cinco, y durante 45 minutos no hay nada más que la respiración y un silencio que invita a escuchar el interior.


Luego llega la cena en el suelo del tatami. En bandejas de laca negra, sirven shōjin ryōri, cocina budista preparada meticulosamente para cultivar la mente y el cuerpo, sin proteína animal, ni ajo y otros estimulantes. Más tarde, anímate y sé parte del onsen, baños comunales con ricas aguas termales. La noche termina en tu habitación sobre un futón extendido en el tatami, casi a ras del suelo.
Al día siguiente, a las seis de la mañana, se puede asistir al ritual matutino de oración. Los monjes entonan sutras en el salón principal apenas iluminado por velas y los invitados —viajeros de todo el mundo— los acompañan en silencio. Es notable que estos servicios y tradiciones se han mantenido prácticamente inalterados durante siglos, permitiendo al visitante sumergirse en una atmósfera espiritual que trasciende el tiempo.
Entre cedros y tumbas
Luego está Okunoin, el cementerio más impresionante de Japón. En un bosque de antiguos cedros gigantes se alinean más de 200 mil tumbas y monumentos funerarios, algunos con más de mil años. Durante el día, es un lugar solemne. Pero al caer la noche, ofrece una experiencia inolvidable en la montaña de Koyasan: hay guías certificados que realizan recorridos nocturnos.
Con linternas en mano, entre la penumbra, el murmullo del viento y el sonido lejano de los cánticos monásticos —si se tiene suerte— se experimenta en un acto profundamente espiritual y reflexivo, lejos de cualquier ambiente lúgubre. Allí se encuentra el mausoleo de Kōbō Daishi, frente al cual arde una llama perpetua desde hace más de mil años.

Manjar para el alma
En lo profundo de la montaña de Koyasan, también existe un pequeño establecimiento (con restaurante) que ha dedicado más de 70 años a perfeccionar un manjar único: el tofu de ajonjolí. Se trata de Kadohama Gomatofu Sohompo, convertido en un emblema gastronómico de la región .
Desde hace cinco generaciones, esta familia elabora el tradicional goma-dofu, un producto que combina la cremosidad del ajonjolí con la suavidad característica del tofu. Es elaborado únicamente con semillas de ajonjolí blanco cuidadosamente seleccionadas, kuzu de Yoshino (almidón puro de calidad) y agua que brota de las profundidades de la montaña sagrada de Koyasan.

El secreto reside en su elaboración artesanal, sin aditivos ni conservadores. La textura es suave, pero ligeramente pegajosa, y su sabor a ajonjolí es profundo. Se recomienda disfrutarlo con un poco de salsa de soya y wasabi, que realzan aún más su sabor. También hay versiones dulces, ideales para quienes buscan un postre ligero.
Como lo hicieron los peregrinos de antaño y como lo hacemos hoy los viajeros contemporáneos, salir de la montaña sagrada de Koyasan es llevarse un poco de su paz y armonía en la maleta. Y eso, quizá, es el mejor recuerdo que se puede traer de un viaje a Japón.
Cómo llegar a la montaña de Koyasan

All Nippon Airways tiene vuelos directos de Ciudad de México a Tokio (Narita). De ahí, viaja en tren bala a Osaka (aproximadamente 2.5 horas). En la estación Namba, toma la línea de tren Nankai Koya y llega hasta la estación Gokurakubashi (aproximadamente 1.5 horas). Desde allí, haz un transbordo al teleférico que te llevará a la cima de la montaña Koyasan en solo cinco minutos. Finalmente, toma un autobús local desde la estación del teleférico hacia el centro de la ciudad.
Dónde hospedarse
En esta montaña sagrada, duerme en Kōyasan Rengejo-in, un shukubo que incluye meditaciones, cantos de monjes al amanecer y comida budista sin proteína animal. Toda una experiencia. Habitaciones: desde 4,600 MXN. rengejoin.jp
Qué comer
Kadohama Gomatofu Sohompo es la casa del tofu de ajonjolí. Más de 70 años elaborando este manjar local que combina la cremosidad del ajonjolí con la suavidad del tofu. Ideal para una pausa ligera y reconfortante durante la visita a los templos. kadohama.co.jp

Si te gustó leer sobre la montaña de Koyasan, entra al sitio web oficial de la Organización Nacional de Turismo de Japón. Encontrarás una guía amplia por destinos y actividades.
Nosotros lo hicimos. ¿Y tú, cuándo te animas a sentir el silencio y a compartir la vida de los monjes en la montaña de Koyasan? Sigue leyendo sobre los secretos de Japón, fuera de la ruta más turística.


