En la Península de Papagayo, donde el bosque seco tropical se encuentra con el Pacífico, Nekajui propone una forma distinta de entender la hospitalidad. Aquí, el lujo se expresa en una arquitectura que respeta el entorno, una gastronomía inspirada en el territorio, rituales de bienestar basados en ingredientes locales y experiencias que invitan a descubrir la riqueza natural y cultural de Costa Rica. Fotos: Fernanda Carrasco y cortesía

Nekajui: El lujo de pertenecer al paisaje
La Península de Papagayo es un lugar donde el bosque seco tropical se encuentra con el Pacífico. Sobre uno de sus riscos se levanta Nekajui, un resort en Costa Rica concebido para integrarse al paisaje, no para transformarlo. Aquí, la arquitectura convive con árboles centenarios, senderos naturales y vistas abiertas al mar, demostrando que la naturaleza puede ser el eje de una experiencia de hospitalidad.
Con habitaciones, suites, tiendas de campaña elevadas entre las copas de los árboles y residencias privadas, Nekajui Peninsula Papagayo, a Ritz-Carlton Reserve propone una estancia donde la sofisticación se descubre en los detalles. Hay tecnología intuitiva, amenidades elaboradas con flores locales y una filosofía que invita a conocer y respetar la riqueza natural y cultural del destino. En mi habitación, la experiencia se extendía hacia una terraza privada con vista al mar y una alberca de inmersión que invitaba a contemplar el paisaje desde la intimidad. Cada elemento del espacio está diseñado para ofrecer una sensación de comodidad absoluta, y la naturaleza y el lujo conviven de manera armoniosa.


El resort en Costa Rica con esencia local
La experiencia comienza en La Casita, un lobby inspirado en las antiguas haciendas de Guanacaste, donde cruzas una puerta con más de 200 años de antigüedad para descubrir una imponente ceiba alrededor de la cuál se construye el edificio. Ahí también aparece la figura del Manzu, palabra del idioma chorotega que significa «amigo». El mío fue Pablo, quien, más que un concierge, se convirtió en un compañero durante mi estancia. Cada día compartía recomendaciones, sugería actividades y pequeños consejos que me permitieron descubrir el resort desde una perspectiva más local para aprovechar mejor cada momento.
En Nekajui Peninsula Papagayo, a Ritz-Carlton Reserve, cuidar el medio ambiente no es un discurso, sino parte de la hospitalidad. Cada noche, una postal en la habitación presenta alguna de las especies que habitan la península e invita a protegerla. Durante mi estancia, encontré una dedicada a los pequeños cangrejos que migran del bosque hacia el mar. Ese pequeño detalle resume la filosofía del resort: ser huésped también implica aprender a convivir con el entorno.


Aunque la tentación de permanecer junto a la alberca o en el spa es grande, Nekajui invita a salir y descubrir el entorno que lo rodea. Muchas de las experiencias están incluidas en la estancia, desde recorridos guiados por el bosque, kayak, paddle board y esnórquel hasta catas de café, ron o vino y sesiones de observación de estrellas para conectar con la naturaleza cuando cae la noche.
Para quienes desean explorar más allá de la propiedad, este resort en Costa Rica también facilita experiencias con Papagayo Explorers, SurfX, Papagayo Park o el campo de golf de campeonato de Península Papagayo. Así, se amplían las posibilidades de aventura en uno de los rincones más biodiversos de Costa Rica.
Una experiencia que se descubre poco a poco
Mientras recorría uno de los senderos, escuché el murmullo de una cascada que provenía del bosque. Seguí el sonido hasta encontrar The Grotto, una pequeña alberca escondida entre la vegetación, alimentada por una suave caída de agua que convierte el lugar en uno de los rincones más tranquilos de este resort en Costa Rica. Es uno de esos descubrimientos que hacen sentir que cada sendero puede conducir a una sorpresa.
Moverse por Nekajui Peninsula Papagayo, a Ritz-Carlton Reserve también forma parte de la experiencia. Un enorme puente colgante atraviesa la propiedad ofreciendo vistas privilegiadas del bosque seco tropical y del Pacífico, mientras el canto de las aves y el sonido de las hojas acompañan el recorrido. Y para llegar a la playa, el hotel cuenta con un funicular panorámico que desciende por el acantilado hasta la playa. Más que un medio de transporte, es una forma de contemplar el paisaje desde otra perspectiva y recordar que, en este rincón de Costa Rica, el viaje comienza mucho antes de poner un pie sobre la arena.


Naku Spa: bienestar inspirado en la naturaleza
Muchos huéspedes de Nekajui descubren Naku Spa hasta el último día de su estancia, pero vale la pena convertirlo en un ritual cotidiano. Sus áreas húmedas, la piscina de borde infinito y los espacios de descanso, rodeados por el bosque y abiertos al Pacífico, invitan a bajar el ritmo desde el primer día. Mientras descansaba junto a la alberca, vi colibríes de colores revoloteando entre las copas de los árboles con el mar como telón de fondo, una escena que por sí sola justifica regresar una y otra vez.
Fue ahí donde experimenté un tratamiento con flor de juanilama, que es el masaje insignia del spa. La estrella es una planta nativa de Costa Rica reconocida por sus propiedades relajantes y antiinflamatorias. Más que un masaje, es un ritual de bienestar: los movimientos son suaves y envolventes al principio, pero poco a poco trabajan con firmeza la musculatura para liberar la tensión acumulada. Mi terapeuta, Tania, cerró la experiencia con un gesto tan sencillo como memorable: me colocó en la muñeca, una pulsera hecha a mano con piedras volcánicas —un guiño a la geografía de Costa Rica— impregnada con el delicado aroma de la juanilama. Son esos pequeños detalles, discretos y humanos, los que hacen que el lujo en Nekajui Peninsula Papagayo, a Ritz-Carlton Reserve permanezca en la memoria después del viaje.

Puna: Perú y Costa Rica conversan en un mismo plato
En Puna, el restaurante insignia de Nekajui, la cocina peruana dialoga con los ingredientes de Costa Rica. El concepto, liderado por el chef Diego Muñoz, comenzó a tomar forma cuando el hotel aún estaba en construcción. En entrevista exclusiva para Food and Travel, me explicó que nunca buscó replicar la gastronomía peruana, sino reinterpretarla desde la despensa existente. «Siempre buscamos las referencias peruanas, pero adaptándonos a la despensa local», resume. Incluso el nombre del restaurante refleja esa idea. La puna es una meseta andina situada antes de las cumbres más altas del Perú, un paisaje que para el chef simboliza una cocina de altura, refinada y profundamente conectada con sus raíces.
El proyecto también tiene un significado personal. Recién egresado de la escuela de cocina en París, el chef estuvo a punto de iniciar su carrera en un resort de Costa Rica, oportunidad que finalmente no se concretó. Décadas después, esa historia encontró un nuevo capítulo en Nekajui. «Nuestro mayor recurso es el mar», afirma al explicar una propuesta que encuentra en los productos del Pacífico su mayor inspiración y que, como él mismo resume, nace en un país donde «cada tico es un guardabosques».

La experiencia continúa en la copa con la propuesta de Luis Flores, director de bebidas del restaurante. Sus cocteles, con nombres de aves endémicas de Costa Rica, conviven con maridajes que incorporan sake e infusiones de té para acompañar el menú con la misma sensibilidad que caracteriza a la cocina.
Entre los imperdibles de Puna destacan la ensalada de quinoa, el ceviche de alcachofa con leche de tigre de mandarina y, sobre todo, el tortelloni de ají de gallina. Inspirado en uno de los platillos más tradicionales del Perú, logra encapsular el sabor reconfortante del ají de gallina dentro de una delicada pasta con mantequilla, tomate, papa y alcaparras. Una creación contemporánea que demuestra cómo dos tradiciones pueden encontrarse en un mismo plato.
Ronqueo en Nekajui: lección de respeto por el producto
La experiencia gastronómica alcanzó uno de sus momentos más memorables con el ronqueo de un atún aleta amarilla de 50 kilos, dirigido por el chef costarricense con asencendia taiwanesa Diengo Chou. Más que un espectáculo culinario, fue una demostración de precisión y respeto por el producto. Cada corte tiene un propósito y ninguna parte del pescado se desperdicia, desde el akami —la carne más magra— hasta el toro, la porción más grasa y apreciada, mientras que la cabeza se aprovecha para preparar sopa miso.
La cena fue un recorrido por los distintos cortes del atún, reinterpretados bajo la visión del chef Diego Muñoz y acompañados por un maridaje diseñado por Luis Flores, quien combinó vinos, sake e infusiones para resaltar cada plato. El cierre llegó con la propuesta más inesperada: un postre elaborado con atún que demostró la versatilidad del ingrediente y dejó claro que la creatividad puede convivir con el máximo respeto por el producto. Una experiencia gastronómica que nos recordó que la alta cocina también puede ser una forma de honrar al mar.





Del primer café al último brindis
La experiencia gastronómica de Nekajui va mucho más allá de su restaurante insignia. El día puede comenzar en Café Rincón, un homenaje a uno de los mayores orgullos de Costa Rica, su café. Aquí, los baristas preparan cada taza con métodos que van desde el tradicional chorreado hasta Chemex, Origami o prensa francesa, mientras que la oferta de desayunos ligeros, repostería y helados elaborados en casa invita a hacer una pausa golosa cada que pasas por allí. Después de probar el helado de chocolate, hecho con los granos del mejor cacao local, difícilmente podrás olvidarlo.
Cuando el sol comienza a descender sobre el Pacífico, el punto de encuentro cambia a Ámbar, el bar de Nekajui. Su terraza, suspendida entre las copas de los árboles, ofrece una vista privilegiada para contemplar el atardecer con un coctel en mano, como el Vino Limón, preparado con ron, vino blanco, agua de coco y cardamomo. A medida que el cielo cambia de color, el bosque comienza a llenarse de nuevos sonidos y el Pacífico se convierte en el mejor acompañante para despedir el día.




Un lujo que se descubre
Hay hoteles donde el lujo se mide por el tamaño de la suite o por la cantidad de amenidades. En Nekajui Peninsula Pagagayo, a Ritz-Carlton Reserve, el verdadero privilegio es otro: despertar con los sonidos del bosque y el Pacífico, descubrir colibríes desde la alberca, aprender por qué los cangrejos migran del bosque al mar o entender que una ceiba puede convertirse en el corazón de un edificio. Aquí la naturaleza no es el escenario del viaje, es la protagonista.
Quizá por eso, un Ritz-Carlton Reserve es mucho más que la expresión más exclusiva de la marca Marriott. Se trata de una colección muy pequeña de hoteles concebidos para destinos extraordinarios, donde el servicio personalizado, la cultura local y el entorno tienen el mismo peso que la hospitalidad. La propia colección los define como rare sanctuaries, refugios excepcionales donde el lujo se expresa con discreción y la identidad del lugar permanece intacta. Después de recorrer Nekajui, resulta difícil encontrar una definición más acertada. Reserva tu estancia en: ritzcarlton.com
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