¡Vámonos a Puerto Rico!: el viaje que nos antojó Bad Bunny

¡Vámonos a Puerto Rico!: el viaje que nos antojó Bad Bunny

Bad Bunny no solo rompió récords: puso a Puerto Rico en el radar. Con cada canción y cada verso cargado de simbolismo, nos ha hecho soñar con sus playas, sus calles empedradas, sus tradiciones, sus bebidas, su gente. Así que hicimos este viaje a Puerto Rico, en el mar Caribe, para descubrir, saborear y sentir la tierra que inspiró a este artista. Y esto fue lo que encontramos. Fotos: cortesía de Discover Puerto Rico, Elsa Navarrete y Adobe Stock

¡Vámonos de viaje a Puerto Rico!

 

Al noreste del Caribe, justo en el límite con el Atlántico, Puerto Rico es un territorio no incorporado de Estados Unidos, donde el español y el inglés son idiomas oficiales. Por eso, no es raro escuchar a alguien hablar en spanglish, esa mezcla cotidiana que nace de la fuerte influencia estadounidense en la isla. Pero aunque su singular estatus político lo vincule a EE. UU. desde 1898, en certámenes como Miss Universo y en los Juegos Olímpicos compite como un país independiente.

Y es que su identidad va mucho más allá de la política. Conocida como la Isla del Encanto, cuenta con una cultura propia. Es un mosaico vibrante de raíces taínas, herencia africana e influencia española. Prueba de su orgullo cultural está en uno de sus gentilicios. Se usa tanto el puertorriqueño/a como el boricua. Este último proviene de borinquen, el nombre con el que los indígenas taínos conocían su tierra. Más allá de un gentilicio, funciona como un símbolo de su herencia indígena que perdura.

Saborear San Juan

 

«Otro sunset bonito que veo en San Juan. Disfrutando de todas esas cosas que extrañan los que se van…« Así suena Bad Bunny en el arranque de su famosa «DTMF». Y en este viaje a Puerto, la primera parada no podía ser otra: San Juan, la capital que guarda entre sus calles el alma colonial del Viejo San Juan.

Esta ciudad amurallada tiene 500 años de historia, pero se siente más vibrante y joven que nunca. De día, las calles estrechas con sus famosos adoquines azules ofrecen el placer de perderse entre plazuelas llenas de vida y tomar fotos de sus coloridas fachadas, fortalezas imponentes como El Morro y callejones secretos. Al anochecer, sin embargo, el barrio se despierta al ritmo de restaurantes trendy, bares y terrazas que invitan a disfrutar de la música en vivo, el baile y una rica coctelería.

Siempre hay diferentes formas de conocer una ciudad, y una de ellas puede ser a través de un tour culinario como el que ofrece The Spoon Experience. La primera parada es Don Ruiz Café, cuyo sabor con cuerpo y notas achocolatadas honra cuatro generaciones de tradición. Ahí también se vive la historia del café que, originario de Etiopía, llegó al Caribe en 1722 y a Puerto Rico años después. Para 1800, una de cada cinco tazas del mundo se cultivaba en sus montañas, siendo la bebida favorita de cortes europeas y el Vaticano.

La segunda parada en el viaje a Puerto Rico es el Hotel El Convento, antiguo convento del siglo XVII y miembro de Historic Hotels of America. En su Patio Alegría, el mojito de sandía refresca el paladar mientras la conversación del guía deriva hacia las frituras. Y entonces llega el bacalaíto. Un bocado crujiente por fuera, suave por dentro, que releva la herencia española.

La tercera parada es Deaverdura, una fonda sanjuanera que desde 2014 se ha convertido en un pilar de la escena gastronómica. Aquí se prueba un plato tradicional imperdible en este viaje a Puerto Rico: el pernil —hombro de cerdo marinado con sofrito y cocido a fuego bajo durante varias horas— acompañado de arroz con habichuelas (frijoles).

El recorrido termina con dos clásicos que también definen la identidad culinaria: el mofongo, esa masa de plátano verde frito machacado que se convierte en la base de un plato que puede prepararse con cerdo, mariscos o pollo, y la piña colada, ese coctel terso con ron, crema de coco, jugo de piña y hielo que el mundo entero reconoce.

Entre aguas turquesas

 

PR, como también lo llaman de cariño, es realmente un archipiélago que consta de una isla principal, cuatro islas pequeñas y cientos de cayos e islotes. En nuestro viaje a Puerto Rico, zarpamos desde la marina Puerto del Rey, en Fajardo, a bordo del catamarán de Sail Getaways hacia una de esas islas: Culebra. Durante el trayecto de 50 minutos, se surcan las aguas del Caribe mientras se disfruta de las vistas que ofrece el lado este de Puerto Rico, cuyo territorio está bendecido con 1,225 playas.

En la playa Flamenco se encuentra una media luna de arena blanca que se extiende a lo largo de casi dos kilómetros. El agua, tan clara y quieta que parece un espejo, hace sentir una paz reparadora mientras se nada, se flota y se escucha a lo lejos alguna canción del álbum más reciente de Bad Bunny, DeBÍ TiRAR MáS FOToS. La arena, de textura suave como el talco, brilla bajo el sol como polvo de diamante. No es difícil entender por qué ha sido nombrado entre las mejores playas del mundo, año tras año. Es de esos lugares que no necesitan filtros ni retoques para deslumbrar en una fotografía.

Pero la verdadera aventura submarina de este viaje a Puerto Rico espera al otro lado. A poca distancia de la playa principal, la Reserva Natural Luis Peña protege las aguas de la playa Tamarindo. Aquí se practica el esnórquel en su estado más puro. El arrecife está a pocas brazadas de la orilla.

Bajo la superficie, el agua se convierte en un acuario. Rémoras, peces cola azul, peces ángel y una explosión de color encuentran en este refugio de vida silvestre —establecido en 1909 por Theodore Roosevelt— uno de sus últimos santuarios. Allí se deslizan entre praderas de pastos marinos con una lentitud hipnótica. Las corrientes son suaves, el agua cristalina. Es fácil perder la noción del tiempo mientras se admira la danza de los peces entre corales que, por la poca profundidad, convierten este lugar en un destino privilegiado para el esnórquel.

Aventura en un bosque tropical

 

 

Pero este viaje a Puerto Rico también pide adentrarse en su interior montañoso y despertar el lado más aventurero. La excursión arranca en las primeras horas de la mañana con el touroperador Bespoke Lifestyle Management. El destino es el Bosque Nacional El Yunque, el único bosque tropical lluvioso dentro del sistema de bosques nacionales de Estados Unidos.

 

Sus más de 11,000 hectáreas, en el noreste de la isla, son un santuario de biodiversidad: cascadas, ríos y senderos que serpentean entre una vegetación tan densa que parece tener vida propia. El aire huele a tierra mojada y el canto del coquí —ese pequeño sapo que es símbolo de Puerto Rico y que Bad Bunny ha adoptado como emblema de resistencia, identidad y hogar— resuena como un latido constante.

Durante 30 minutos, se asciende por un sendero rodeado de bambús altísimos, orquídeas arbóreas, helechos gigantes y plantas que parecen sacadas de un cuento. La recompensa llega en forma de una poza de agua cristalina formada al pie de una cascada. Allí, el esfuerzo se disuelve en un chapuzón refrescante. Pero la aventura apenas inicia.

El último tramo del sendero se vuelve más intenso, con rocas que exigen destreza y cierta habilidad para escalar, hasta que el camino desemboca en un río donde la naturaleza ha esculpido sus propios juegos. Se puede deslizar por un tobogán natural tallado por el agua entre las piedras y luego, sujetándose a una cuerda, lanzarse como Tarzán hacia la poza. No hay duda de que, para quienes buscan emoción, existe un viaje a Puerto Rico.

Ante un cosmos líquido

 

Cuando el sol cae, el plan se traslada de la montaña a la laguna; también con Bespoke Lifestyle Management. Solo hay cinco bahías bioluminiscentes en todo el mundo, y Puerto Rico tiene la suerte de albergar tres de ellas. Una de estas se encuentra en Fajardo, en la Reserva Natural de Laguna Grande, a 45 kilómetros de San Juan. Allí, el plancton microscópico Pyrodinium bahamense convierte el agua en un manto de luz fluorescente que se activa con cada movimiento.

Para llegar a este cuerpo de agua, primero se desliza en kayak por los canales de manglar, donde la oscuridad es casi absoluta y se escucha de nuevo el canto del coquí, hasta que la bahía se abre ante la mirada. Al sumergir el remo, el agua estallará en destellos de neón, como si las estrellas hubieran caído al mar.

Los guías cuentan que la intensidad del fenómeno varía con la fase lunar y las condiciones climáticas —la mejor época es durante la luna nueva—, y que en las noches más claras usan una lona para bloquear la luz y apreciar mejor el brillo. Pero incluso en las noches menos luminosas, la experiencia es maravillosa. Nadar está prohibido para proteger este ecosistema frágil, pero basta con mover la mano para dibujar un trazo de luz y sentir que uno está rodeado de un cosmos líquido.

Con sorbos de ron

 

Hay lugares que se resisten al paso del tiempo. Hacienda Santa Ana, en Bayamón, es uno de ellos en este viaje a Puerto Rico. La finca que la corona española otorgó a la familia Fernández en 1787 sigue siendo hoy el corazón de Ron del Barrilito,  la destilería de esa bebida más antigua de Puerto Rico. Y no ha cambiado mucho desde entonces. Ni la receta, ni el proceso, ni la filosofía.

En el centro de visitantes, con el aroma a madera en el ambiente, la experiencia se inicia con un coctel de cortesía. Además de las catas de ron, también se puede vivir una clase de mixología; ambas propuestas hacen un recorrido por la historia a través de los distintos espacios de la destilería.

Durante la clase, el instructor le recuerda a los asistente algo que repite como un mantra: aquí se sigue haciendo ron con los mismos métodos desde 1880, en pequeños lotes, añejado en barricas de jerez que le otorgan ese color ámbar profundo, sin necesidad de caramelo ni aditivos artificiales. Terminada la explicación, la clase se convierte en un taller.

Cada participante ocupa su propia estación de bartender y aprenden a preparar un par de clásicos: un Old Fashioned —con Barrilito Tres Estrellas en lugar de bourbon, acompañado de jarabe, bitters de chocolate y naranja, y hielo— y una piña colada, esa invención boricua que nació en algún momento de los años 50 en el hotel Caribe Hilton. La experiencia es una parada obligada en cualquier viaje a Puerto Rico, porque como dice Bad Bunny: “Por la mañana café, por la tarde ron…”.

El llamado de la salsa

 

Son apenas las seis de la tarde cuando locales y viajeros llegan a La Placita. El edificio principal de la Plaza del Mercado de Santurce aún respira el ritmo pausado del día: puestos llenos de frutas y verduras, señores jugando dominó en la sombra, el aroma a café recién preparado. Pero se nota que algo está a punto de cambiar. Las sillas empiezan a aparecer en las aceras. Las puertas de los bares se abren. Este lugar, inaugurado en 1910, lleva más de un siglo funcionando como un camaleón: de día, es el mercado del barrio; de noche, se convierte en un vibrante centro de vida nocturna.

Y entonces suena una canción que se conoce bien. No es la grabación, es una versión en vivo que un salsero ejecuta con el corazón puesto en cada nota. La melodía se cuela entre las mesas y los bailadores. Por un instante, se entiende lo que Bad Bunny intenta transmitir en cada una de sus canciones: ese encanto, ese ambiente tan característico de Puerto Rico. ”Si te quieres divertir, con encanto y con primor, solo tienes que vivir un verano en Nueva York…” —pero aquí, en La Placita, no hace falta esperar al verano. Basta con una noche y una salsa que te atrape. El resto lo pone este viaje a Puerto Rico—.

Tu guía de viaje a Puerto Rico

 

Cómo llegar

 

Copa Airlines tiene vuelos de Ciudad de México a San Juan, con escala en Panamá. Viaje redondo desde $8,000 MXN. copaair.com

Dónde hospedarse

 

Condado Ocean Club es un hotel boutique exclusivo para adultos que ofrece 96 habitaciones con ventanales, una piscina infinita frente al mar y su restaurante Social. Habitaciones desde $ 3,500 MXN. condadooceanclub.com

Frente al mar, La Concha Resort ofrece todo un complejo con tres piscinas al aire libre, un casino abierto las 24 horas, siete restaurantes y suites modernas. Habitaciones desde $6,000 MXN. laconcharesort.com

Dónde comer

 

Dentro del emblemático hotel La Concha —abierto desde 1958— se esconde un imperdible gastronómico de San Juan: Levant, el restaurante del chef Michael White. Su estructura con forma de concha alberga una propuesta que evoca los sabores del Levante mediterráneo en un entorno elegante y sofisticado. IG: levantsanjuan

Alojado en O:LV Fifty Five Hotel y al mando del chef Roberto Treviño, DRGN sirve sabores atrevidos que son el resultado de una fusión entre influencias latinas y asiáticas. También destaca la atmósfera, la música y la coctelería. IG: drgnrestaurant

Si te gustó leer sobre este viaje a Puerto Rico, entra al sitio web oficial de Discover Puerto Rico. Ahí descubrirás más ideas de viaje a Puerto Rico, rutas gastronómicas, opciones de hospedaje, eventos y más datos.

También puedes sumar más opciones en tu viaje a Puerto Rico con estos hoteles para descansar de forma única: Dorado Beach, a Ritz-Carlton Reserve y Four Seasons Puerto Rico.