Mes: mayo 2017

Este peculiar espacio es parte de la colección Grandes Etapes Françaises, una serie de castillos y antiguas mansiones francesas que se han convertido en hoteles de lujo alrededor de este país. Son tan selectos que sólo siete propiedades conforman la colección. Al ser totalmente respetuosos de su arquitectura e historia, son más que un simple hospedaje, al remitir al huésped a las épocas doradas cuando la nobleza los habitaba.

Le Choiseul

Lo fabuloso de Le Choiseul es que rescata no uno, sino tres edificios construidos entre el siglo XV y el XVIII, cada uno con su nombre.  El primero es la Mansión del Ermitaño, que fuera casa de san Bartolo del Monte Carmelo, el fundador de la orden de las Carmelitas. El segundo es la Mansión del Duque, un espacio que le fue ofrecido a Étienne François, duque de Choiseul, título que le ofreció el rey Luis XV.

Por último, está la Casa del Boticario, hogar de Jehan Gastignon, herbalista de Carlos VII y Francisco I, quien creaba ungüentos para las damas de la corte.

Le Choiseul

La labor de restauración de las tres edificaciones es de Pierre Traversac, quien compró en 1985 la Mansión del Ermitaño y la rescató de volverse ruinas. Las 26 habitaciones y las cuatro suites se alojan entre los tres espacios, contando con vistas increíbles de la naturaleza, incluyendo el río Loira, uno de los pocos afluentes en Francia que aún siguen su cauce original.

Cada habitación habla del lujo de siglos pasados, donde destacan los estampados de colores vivos, el trabajo de carpintería bien cuidado y el uso de mármol. Aunque no es lo único por lo que el hotel es famoso, también lo es por su restaurante: Le 36. Aquí, el chef Mickael Renard respeta las estaciones y dentro de sus delicias encontrarás lubina salvaje cocinada con su piel acompañada de salsifí caramelizada y mejillones a la marinara; crumble de caracoles de Sainte-Maure de Touraine con berenjenas, espinacas y aceite de albahaca, y helado de mango con azafrán tostado, cremoso de chocolate, nueces y mousse de coco. Habitación desde $160 USD. le-choiseul.com

Le Choiseul

Este sábado 29 de abril se celebró el Malbec World Day en el Hotel Live Aqua, de la Ciudad de México, con la participación de más de 25 bodegas y una muestra gastronómica. Texto: Una Pérez Ruiz. 

La uva malbec es la gran superviviente: después de la helada de 1956 en Burdeos, comenzó a ser algo despreciada en Francia, pero resurgió cuando fue llevada a Argentina por Michel Pouget en 1852, y esta uva oscura y afrutada se enamoró de las alturas andinas.

malbec

La malbec se ha convertido en la uva emblemática de Argentina, primer productor mundial, por mucho, cerca de 40 mil hectáreas en 2014; el segundo lugar, Francia, cuenta con 5,300 hectáreas.

En la reciente celebración del Malbec World Day constatamos la potencia y plasticidad de esta uva, con la que se pueden elaborar no sólo tintos de alta gama como el aromático Gran Malbec Nina de Bodegas San Huberto y el aterciopelado Trivento Golden Reserva, sino también rosados como el fresco Tomero de Bodega Vistalba, y Nuri de Bodegas Alfredo Roca, de gran elegancia, y cosechas tardías como el de Susana Balbó que es excepcional.

malbec

Aparte de probar mezclas menos comunes, como la de pinot gris y syrah en el seductor A Rosé is a Rosé is a Rosé, de Luigi Bosca. Además, pudimos disfrutar de choripanes, pizzas y empanadas recién salidos de la parrilla y gelato artesanal de Italina, todo animado con música en vivoLa siguiente edición será muy esperada por los amantes de esta uva y del vino argentino en todas sus expresiones. malbecworldday.com

 

Tras pasar unas vacaciones en la Riviera Nayarit, Penny Davidi, chef y especialista culinaria del conocido canal estadounidense Food Network, se enamoró del destino y quiso hacer de su visita algo más trascendental. Para ello, ideó reunir a algunos de sus colegas, quienes tiempo después viajarían juntos para disfrutar de este idílico lugar junto a sus familias y amigos. Y para darle vida a Cuisine of the Sun, un festival gastronómico abierto al público que reúne los sabores de Nayarit con las propuestas de algunos de los chefs más conocidos de la televisión estadounidense.

¿Cuándo fue el festival?

El pasado 26 de abril, el festival celebró su segunda edición, teniendo como sede el hotel Villa La Estancia Beach Resort & Spa, el resort galardonado por la AAA con Cuatro Diamantes que cautivó a Penny Davidi desde la primera vez que se hospedó aquí.

En esta ocasión, el evento contó con la presencia de grandes personalidades de la escena gastronómica, como Cloyce Martin, quien a sus 15 años participa en el programa Man vs. Child: Chef Showdown; el famoso chef Gilles Epie, galardonado con dos estrellas Michelin. Y el rey del barbecue “Pat” Neely, así como los chefs Chris Kyler, Rahm Fama. Michele Ragussis, Martita Jara. Dakota Weiss y Davina Thomasula, nombrada como una de las mejores mixólogas de Nueva York.

Cuisine of the Sun

Los sabores de la Riviera Nayarit

También se hicieron presentes gracias a la participación de dos grandes embajadores. Por una parte, la chef Betty Vázquez, quién dio cátedra de su experiencia a través de degustaciones y clases magistrales. Y por otra, el mixólogo Israel Díaz, quién nos deleitó preparando exquisitos cocteles a la orilla del mar.

Para comenzar, los chefs ofrecieron una degustación de sus mejores platillos con el atardecer de la bahía como telón de fondo. Dos de nuestros favoritos fueron la jalea de langosta al mango de Chris Kyler. Y el pollo a la barbecue con la receta secreta de “Pat” Neely, todo acompañado de música de mariachi en vivo.

Cuisine of the Sun

Talleres, pláticas y desafíos en la cocina

A lo largo de tres días, fue posible asistir a las diferentes actividades que se llevaron a cabo en el marco del festival, tales como talleres, pláticas y desafíos de cocina a lado de los chefs. Sin embargo, nuestro momento favorito de la jornada fue cuando el Sol se escondía, ya que esto marcaba el comienzo de las cenas maridaje. Mismo que se ofrecían al interior del hotel.

La mayor sorpresa de la primera noche, sin duda, fue la participación del joven Cloyce Martin, quien preparó un suculento hamachi crudo con ensalada de col morada, el cual pudimos degustar con una copa de vino blanco chardonnay de Viñas del Vero.

Para cerrar con broche de oro

Asistimos a la cena de gala que se llevó a cabo en la playa de Villa La Estancia, un acontecimiento lleno de sabores exquisitos, entre los que destacaron el pastel de arroz con lenguado y mermelada de durazno de Martita Jara, el gazpacho de langosta de Dakota Weiss. La albóndiga de cordero con salsa tzatziki de Michele Ragussis y el refrescante coctel de guayaba, piña y ron de coco de Davina Thomasula. Que fue la manera perfecta de despedirnos del calor de la tarde y de este evento que promete regresar año con año a las playas de Riviera Nayarit. cuisineofthesun.villagroupresorts.com

Cuisine of the Sun

Más allá de un día de campo alrededor de la gastronomía, este festival consiguió reunir amigos, familia y productores de México a la mesa, para compartir ideas, opiniones y disfrutar. The Big Picnic en su primera edición, tuvo lugar el sábado 29 de abril en la explanada del restaurante B’ui Cocina de Campo. Todo en el Centro Hípico Otomí de San Miguel de Allende. Alrededor de pastos verdes y bajo un cielo despejado que sin duda, aportaron a esta gran experiencia.

La calidez del día nos dio la bienvenida junto a tres mentes geniales de la escena gastronómica mexicana: Benito Molina, Javier Plascencia y Dante Ferrero, “La vaca es mía, el atún es de él y la paella la hace Javier”, fue el eslogan del evento y la expectativa que se logró cultivar en el público.

The Big Picnic

 

 

 

Al llegar al lugar, las protagonistas fueron las dos vacas enteras de Dante Ferrero, terminándose de asar después de más de 24 horas a fuego directo; el espectáculo cautivó a todos e inspiró a tomar la mejor fotografía. El chef de origen argentino pero con espíritu norteño mexicano, es el único promoviendo a gran escala, el uso y consumo responsable de la carne. Su pasión por el insumo cárnico y su profundo conocimiento en el tema, lo convierten en una figura de alto impacto para el medio culinario a lo largo de todo el país.

Más tarde apareció en la escena Javier Plascencia, tijuanense reconocido por darle vida y riqueza a una cocina emergente, que había figurado como un lienzo en blanco, sin una tradición milenaria como la de otros estados, por mencionar Oaxaca o Chiapas. Al hablar con Plascencia y preguntarle por qué había decidido hacer paellas, comentó que fue una elección del comité organizador, por ser un plato que gusta a todos, que se presta a la ocasión y que combina insumos de ambos ecosistemas, mar y tierra a la vez.

The Big Picnic

Finalmente, el corte de listón dio inicio al festín, seguido por la demostración de Benito Molina y sus atunes de 45 kilogramos. Pescados majestuosos del océano mexicano que hicieron agradecer a quienes observábamos tres pares de manos y un cuchillo bien afilado cortando con máximo respeto y maestría cada atún. Mientras Molina fileteaba la carne de vivo color, Solange montaba un tiradito de atún que le hacía justicia a toda la labor detrás, acentuado por la simplicidad, su frescura y con un sabor a mar total. Así fue el primer platillo.

Platicando con Benito sobre Manzanilla, Ensenada y la cocina de Baja California, resaltó su amor por la pesca, la importancia de aprovechar los productos locales y temporales que ofrece la región, así como el futuro de su cocina con influencias mediterráneas: el mejor pescado del país, un aceite de oliva incomparable y un paisaje vitivinícola con mucho potencial. Sobre el hecho de ser una figura mediática, comentó que las responsabilidades son grandes pero que nunca dejaría de lado la cocina, “cocinero hasta el final”, comentó.

The Big Picnic

Plascencia no se despegó de las paelleras, añadía puñados de sal a la vez que probaba y removía por aquí y por allá. Acompañada con pan y una cerveza clara, la paella fue un éxito redondo. Y para concluir, había que dejar espacio para deleitar el paladar con la carne de Dante en su punto ideal. Cualquier parte de la vaca, de la cabeza al rabo a disposición del espectador, un manjar que no se ve y no se come todos los días.

La convivencia se completó con cervezas, vinos y mezcales junto a tortas de cochinita pibil y quesadillas, por si lo anterior no hubiera sido suficiente; y entre talento y baile, la fiesta concluyó con la música de los Rumberos de Massachusetts, para terminar de alegrar la puesta de sol de un día de campo diferente.

The Big Picnic

¿Puede un chef danés -aún habiendo comandado el mejor restaurante del mundo por cuatro años- cocinar buena comida mexicana?, ésta y otras preguntas cruzaron por la mente de muchos al saber que René Redzepi, chef de lo que fuera el restaurante Noma, en Copenhague, tendría un pop up en Tulum de abril a mayo durante siete semanas. Luego de abrir otros en Tokio y Sídney.

La polémica creció cuando dio a conocer el precio del menú de degustación de 15 tiempos más maridaje: $600 USD, más 16% de impuestos y 9% de servicio. ¿Era justo o este enamorado de México se había excedido?

Cinco meses después estaríamos abordando un avión para descubrir esta propuesta engalanada por la selva del Caribe mexicano. Al llegar, una pequeña placa, casi imperceptible para quien no fuera en búsqueda de este restaurante, anunciaba su ubicación. Adentro reinaba un ambiente casual, con la arena acariciando los pies y bellas mesas y sillas de madera bajo las estrellas.

El primer plato se trató de una piñuela con tamarindo cubierta de flor de cilantro. La piñuela es un fruto nativo de Yucatán, con un ligero gusto a piña, que solía usarse en las mesas mayas como botana, pero hoy se está perdiendo su uso doméstico. El segundo plato fue una almeja melón proveniente del mar de Cortés, cuyo tamaño alcanzaba los 10 centímetros y era carnosa, mezclada con una reducción de cítricos.

Noma

Aunque teníamos un mesero destinado para nuestra mesa, cada plato lo traía alguno de los cuatro a 12 cocineros dedicados al 100% solo en esa creación. De ahí que la cocina abierta fuera casi del mismo tamaño que la sala de comensales, de donde incesantemente se escuchaba: “sí chef” a una sola voz. En conjunto, entre meseros y cocineros, daban un total de 150 personas de diversas nacionalidades para atender a 140 comensales por noche. Gran parte de ellos fueron contratados desde Noma y traídos junto con su familia.

El tercer tiempo llegó con una chica italiana que nos presentó una deliciosa interpretación del salbute, cuya textura se asemejaba más a las papas soufle, con tomates secos, crema de rancho y chapulines. Seguido de un caldo frío de masa con lima y brotes de flores de la estación, entre ellas de calabaza.

Las siguientes dos creaciones rindieron honores a los frutas mexicanas: el coco tierno con caviar de esturión y el caldo de tamarindo con chile de árbol con carambola, mango ataulfo, piña, aguacate, jiotilla –una cactácea pequeñita nativa de Oaxaca- y caimito –primo del zapote, con un gusto amielado.

Ambos platos, fueron llevados a la mesa por Santiago Lastra, un joven cocinero, quien durante siete años radicó en Dinamarca. Durante ocho meses, fue el encargado de hacer contacto con los productores mexicanos e investigar los ingredientes más interesantes de nuestra gastronomía.

Noma

Luego, viajó 16 veces en tres meses junto a René Redzepi y otros investigadores para descubrirlos de viva voz, dando como resultado 600 productos seleccionados. A partir de ahí hicieron una nueva clasificación para integrar el menú, en el que muchos de los productores elegidos tienen sus cultivos en los traspatios de sus casas.

En este menú brilló el plátano manzano, cuyo sabor oscila entre los dos frutos que lo nombran, preparado en un ceviche aderezado con aceite de mamey y alga kelp, que funciona como un glutamato monosódico natural (sal sódica).

Luego llegaron, quizá las propuestas más fuertes de la noche, con el taco en hoja de chaya con ostiones de Bahía Falsa provenientes de San Quintín, cuyo sabor equilibraba a la perfección el gusto a mar y vegetal. La tostada de escamoles con hoja santa, habanero y verdolaga; así como el taco de cerdo pelón con tortillas de maíz recién molido acompañado de plátano al pastor, que fueron totalmente memorables.

Nadie pudo igualar la maestría para elaborar tortillas de las cocineras tradicionales de Yaxunah, por lo que sus fogones tuvieron un lugar en Noma Tulum. Otro dato interesante es que para confeccionar el menú, no utilizaron gas, en su lugar emplearon carbón y leña con métodos tradicionales mexicanos.

Noma

El clímax de la noche fueron el pulpo horneado en pibinal –horno de tierra con brasas de carbón-, cuya cocción fue perfecta, acompañado de un exquisito dzikilpak, una especie de pipián maya elaborado con tomates, habanero, calabaza y cilantro. Así como la hoja santa tostada y rellena de epazote tostado bañados en una reducción de callo de hacha y un mole que confeccionó la chef Rosio Sanchez, quien fuera sous chef de Noma, y luego abriera la taquería Hija de Sanchez en Copenhague. Sin duda, fue una combinación totalmente inesperada y excitante al paladar.

Mientras comíamos René Redzepi llegó a nuestra mesa, y a propósito de la investigación que realizó para este menú comentó: “El país es asombroso, para mí México es como una galaxia y cada ingrediente es una estrella”.

Noma

Para el final dulce recurrió a nuestro amado aguacate al que presentó asado y en un sorbete con aceite de semillas de mamey. El último plato fue espectacular: un chile mixe de Oaxaca relleno de helado de cacao.

Más allá de la polémica del precio del menú, la experiencia fue una mirada refrescante a los ingredientes mexicanos, con combinaciones muchas veces inesperadas. Brilló, además, la investigación, el respeto al producto y a las técnicas tradicionales, por lo que sin duda, es un buen recordatorio de lo que muchos chefs mexicanos ya están haciendo: estudiar y en sus menús poner en alto el nombre de nuestro país.

Noma

Finalmente para los extranjeros quienes en un peregrinaje gastronómico tras Redzepi vinieron o vendrán a nuestro país, resulta una tentadora invitación para descubrir más de la riqueza nacional y de por qué nuestra culinaria fue declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco desde 2010. Dónde. Noma Tulum, hasta el 28 de mayo de 2017. Costo por persona: $600 USD, más 16% de impuestos y 9% de servicio. noma.dk/mexico/

 

Coloridos, aromáticos y apetecibles, los blends de té son la mejor opción para quienes buscan iniciarse en el fascinante mundo de la camellia sinensis. Sí, querido lector, no todo son tés puros de altísima gama. Fotos: Escuela Mexicana de Té

Literalmente diseñados para encantar a los sentidos, los blends de té son mezclas de hojas y brotes de camellia sinensis con productos como flores, frutos, especias, hierbas, esencias… A diferencia de las tisanas, compuestas exclusivamente por hierbas, especias o frutas, los blends tienen una proporción de eso: Té.

blends

“¿Qué define a un buen blend de té? ¿qué sí y qué no se puede mezclar? ¿cuántas variedades existen?”. Vayamos paso por paso.

Los primeros blends de té surgieron en China como infusiones con fines medicinales. Básicamente, las hojas de camellia se mezclaban con flores como jazmín, crisantemos u osmantos. Con el paso del tiempo, se fueron adaptando con el propósito de deleitar sensorialmente.

Con la llegada del té a Occidente, en el siglo 17, los franceses comenzaron a incorporar todo tipo de esencias a las hojas de camellia; sin embargo, fueron los británicos quienes popularizaron su consumo. Ejemplos: vale mencionar el Earl Grey, uno de los más famosos blends alrededor del mundo, elaborado a partir de tés negros y esencia de bergamota, o el Prince of Wales, mezcla de hebras negras y verdes con casis.

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¿Qué hace a un blend bueno? Primero, su proporción de té. Una mezcla con menos del 60 por ciento de hojas o brotes de camellia sinensis bien podría ser una tisana (¿no?). Segundo, el respeto de las hebras base. La premisa de cualquier diseñador debe ser “preservar las características propias del té”. Tercero, la naturalidad de los ingredientes. La diferencia entre un blend elaborado con pétalos de jazmín y uno con “aroma y sabor jazmín” es notable. Haga la prueba y díganos cuál le gustó más.

¿Qué se puede mezclar? Todo, desde tés blancos hasta verdes, negros, oolong y pu-erh. Los tés blancos de gama media, por ejemplo, combinan muy bien con pétalos de rosas, frutas blancas, hojas de menta o loto. Los tés verdes con jazmín, osmantos, almendras, arroz tostado, cítricos, frutas tropicales y especias. La potencia gustativa del pu-erh puede suavizarse con crisantemos, jazmín, cítricos, jengibre y todo tipo de especias picantes. ¿El oolong?, los oxidados con especias y frutos secos, mientras que los verdes con cítricos y flores muy sutiles.

blends

Mención aparte merecen los tés negros, común denominador en los blends alrededor del mundo. La profundidad sensorial de éste permite añadir básicamente todo, desde flores y frutas, hasta nueces, caramelo, especias, cítricos… Uno de nuestros más notables estudiantes se atrevió a impregnar las hebras con bourbon whiskey; el resultado fue fabuloso.

Vamos a concluir apuntando a una palabra clave: Diversidad. Realmente, al hablar de blends de té, las posibilidades son infinitas. Cualquier persona, con una base técnica, es capaz de dar vida a atractivas mezclas. A ti, ¿qué se te ocurriría mezclar? escueladete.mx