5 razones (incluido su nuevo menú cantinero) para visitar y revisitar Almamía

5 razones (incluido su nuevo menú cantinero) para visitar y revisitar Almamía

Almamía, sí, el restaurante en la Roma que está enclavado en una antigua casona restaurada por el arquitecto Alberto Kalach, acaba de cumplir un año y para celebrarlo lanzó un menú inspirado en la cocina de cantina. Además de esa buena noticia, te damos más razones para descubrir o redescubrir la propuesta del chef David Hernández Aguilar. Fotos: cortesía.

Almamía

Razones para ir a Almamía: del espacio a sus nuevos platos

Arquitectura que emociona

 

Pocos espacios en Ciudad de México logran que el entorno sea tan relevante como el plato. Y eso es lo que logra el arquitecto Alberto Kalach en esta casona histórica donde utiliza la verticalidad de sus techos altos y la calidez de materiales nobles para crear una atmósfera íntima. De hecho, su diseño, ambiente e iluminación, son una de las razones para ir a Almamía.

El nuevo menú: la cantina elevada

 

Para celebrar este primer aniversario, el chef David Hernández Aguilar, al frente de la cocina de Almamía desde su apertura, creó una propuesta complementaria que rinde culto a los sabores cantineros y que es ideal para compartirse al centro de la mesa.

La carta está dividida. En las entradas destacan la tártara de res a cuchillo, picada al momento, con pepinillo, mostaza, aceituna y cebolla, así como el queso fundido. En la selección del mar las imperdibles son las almejas panzonas con callo catarina, clamato y un toque de habanero y la tostada de atún con alioli de chipotle.

La nostalgia de las auténticas cantinas está en el caldo de camarón y la sopa de tortilla, dos platos típicos de estos espacios. Las estrellas de los platos fuertes son la milanesa gratinada y la cecina estilo tampiqueña.

Pero en este menú de Almamía no podían faltar los tacos que van desde asada hasta pescado y gaonera. Sin duda, estos platos cantineros son una de las razones para ir a Almamía.

 Los clásicos no se van

 

Aunque el menú evoluciona, los pilares de la casa permanecen, así que una de las razones para ir a Almamía es su mole rosa con pierna y muslo de pato confitado y su chamorro de cordero, cocido lentamente en su jugo y resguardado bajo una costra hojaldrada, al igual que sus exquisitas tostadas de kampachi con paté de pescado y salsa macha y el guacamole con chicharrón de cecina de res y ceniza de hoja de aguacate que se sirve con tortillas hechas a mano que se mantienen calientes dentro de un pequeño horno de piedra con comal incluido.

También vale la pena pedir los ravioles de conejo y morillas en salsa de vino tinto y el caldo de piedra con camarones, mejillones, almejas y pescado, plato que recupera una técnica ancestral de coacción de Oaxaca.

Postres con alma

 

El cierre dulce mantiene la línea de coherencia del restaurante: sabores plenos sin ornamentos innecesarios. Aunque los churros acompañados de un cremoso de chocolate oaxaqueño, bañados con salsa inglesa de horchata y el carajillo Rompompom, son una de las razones para ir a Almamía, no dejes de probar la tarta vasca con salsa de dulce de leche ni el budín de higos con salsa de xtabentún.

 

Coctelería de autor

 

La barra de Almamía, a cargo de Diego Martínez, es un universo de ingredientes de temporada y la reinvención de clásicos. La carta de bebidas es un viaje emocional y geográfico: desde el coctel Almamía, que fusiona mezcal con chocolate de Oaxaca, hasta Recuerdo, que utiliza whisky de maíz Abasolo y sal de tortilla artesanal. Esencia, un coctel con licor e infusión de limón con cardamomo, una ligera maceración de hierbabuena y un top de vino espumoso, es una de las razones para volver.

Así que ya sea por la curiosidad de probar su nuevo menú cantinero o por el placer de volver a sus moles clásicos, visitar esta casona es entregarse a un ritual donde el diseño de Kalach y la sazón del chef Hernández logran, en serio, una experiencia memorable. Dónde: Álvaro Obregón 124, Colonia Roma Norte, CDMX. Cheque promedio: $750 MXN IG: @almamia.romamx

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